De modo similar a lo sucedido en Hollywood con el “Me too” (“yo también”) hace un año, y con el empoderamiento del “Ni una menos” nacional, ahora acá una actriz –respaldada por un gran colectivo de actrices– acusó a un compañero de elenco bastante mayor que ella de haberla abusado sexualmente hace nueve años, cuando tenía apenas dieciséis años de edad. Estamos viviendo un efecto dominó –no solamente se volvió a las denuncias previas que tenía el mismo actor– sino que han salido otros casos que ventilan el machismo reinante en nuestra industria de cine y televisión. El agresor le habría dicho “mirá como me ponés” (en alusión a su virilidad) y el hastag nacional pasó entonces a ser “Mirá como nos ponemos”, haciendo hincapié en la unión femenina que luego de las luchas masivas con los pañuelos verdes demostró ser una fuerza a no tomar a la ligera.
La sociedad viene madurando. Hemos incorporado valores de igualdad y respeto donde el cosificar ya no tiene por qué ser la norma. El machismo viene teniendo que retroceder ante razones feministas bien argumentadas. Acá no se trata de buscar un chivo expiatorio, sino aprovechemos para ver qué nos pasa a nosotros en general. Aprendamos de esto. Todos. Por ellas que han sufrido los acosos, violaciones o propuestas indecentes desde gente en situación de poder. Hay mujeres que deberán reconocer que han llegado a ser más machistas que muchos hombres. Y nosotros, los hombres, tenemos realmente que rever nuestros códigos. Tal vez hayamos ya naturalizado todo esto de la igualdad de género lo cual puede ser más común en gente que ha vivido en otros lugares con mayor igualdad así como en las nuevas generaciones, sin embargo, la actitud generalizada es otra… Recuerdo, por ejemplo, una entrevista a tipos mayores que daban por lógico las salidas de putas con sus amigotes.
Nos debemos un autoanálisis y volver a revisar nuestros códigos que pueden tranquilamente haberse teñido por la cultura machista que lo penetra todo (en todos los sentidos). ¿Es más hombre el que está con una mujer o el picaflor? ¿Valdrá la pena seguir usando el término “mina”, cuando sabemos que viene de algo que puede ser explotado y exprimido para generar ganancias? ¿Es realmente ético pagar por sexo? ¿Las prostitutas eligen o es un sistema que las ha llevado a eso, con una familia y un contexto cómplice, abusador, incestuoso y violador? ¿Es coherente ver sexo con teenies cuando es una práctica ilegal si el deseo pasara a la realidad? ¿Hemos cuidado a nuestras amigas, novias, hermanas alcoholizadas? Etcétera.
Tal vez sea hora de entender de una vez por todas que no se genera una relación sana y amorosa desde el egoísmo y la traición sino que desde la honestidad y la entrega, pues estas van en línea con el amor. Hay muchas cosas para pensar y muchas acciones que sin duda deberán cambiar. En nosotros o en nuestro ambiente más cercano.

Rafael Sabini
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