Cuando escribí “La Risa y la Culpa Cósmica” (1) el texto resultó ser de un tono sarcástico con todos sus sinónimos: cáustico, irónico, sardónico, mordaz. Efectivamente, era una refutación a la corriente antropocéntrica en la cual los humanos somos responsables de todo lo que pasa en nuestro planeta y en el Universo.

Volví a releer el artículo y aparecieron recuerdos. Uno de ellos, relacionado con un director de escuela primaria, quien en una reunión, nos leyó algo de Tomás Moro (2). Transcribiré algunos versos de “Felices los que saben reírse”:
“Dichosos los que saben reírse de sí mismos / porque no terminarán nunca de divertirse / dichosos los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes / Dichosos los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas: llegarán a ser sabios / (…) Dichosos los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por sus vecinos / (…) Dichosos ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: vuestro camino estará lleno de sol”.
Palabras interesantes las de Tomás. Rasgando la trama de los versos, me di cuenta que para poder reírse como él propone, hay que trascender, despojarse del yo, reconocer al otro, despojarse de prejuicios, no estar anestesiado con el consumo, despojarse… despojarse… ¡Uy, ya no es tan gracioso el tema!
Como todo está enlazado con todo, hace tiempo concurrí a un encuentro musical que se presentaba como “Gas de la Risa” (3). Me dije: “- ¡Música y risa, esto va a estar bueno! La música de los autores, compositores e intérpretes que se presentaron, fue excelente, pero no pude reírme. Apenas una sonrisa. Transcribiré algo del programa de ese día:
“(…) El programa de este concierto también es una irrupción en el mundo de la comedia y nos da pie para pensar: ¿existe la posibilidad de provocar la risa a través de la música puramente instrumental dejando de lado la intervención de elementos exógenos como los gestos, la letra, la imagen, etc.?
Schopenhauer decía que la música no admite ningún elemento risible.”
Sigo pensando en ese concierto…
En el artículo que cité en primer término (1) hice referencia a León Felipe. Volví a la “Antología Rota” (4) y me dieron ganas de copiar este fragmento de “Me compraré una risa”:
(Je, je,je… / Jo, jo, jo… / Ja, ja, ja…)
Es la risa mecánica del mundo / la risa del magazine y la pantalla.
La risa del megáfono y del jazz / la risa sincopada de los negros / la risa asalariada / la risa que se alquila y que se compra… / ¡Risa de almoneda y carnaval! / Risa de diez centavos o un penique / de albayalde, de ferias y de pista / de cabaret, de maquillaje y de boudoir / Risa de propaganda y de ordenanza municipal y de pregón / La que anuncian las rotativas / las esquinas / las vallas, la radio / el celuloide y el neón / y vende en todo el mundo / la gran firma “Standard Smile Company.”
(Je, je, je… / Ja, ja, ja… / Jo, jo, jo…)
“Smile, Smile, Smile.”
Es aquel viejo vendedor de sombras que ahora vende sonrisas.”
Primero mi mordacidad, luego Tomás y siguiendo con la música y León Felipe, llegué a la conclusión que Garrick (5) tenía razón. Una cosa es hacer reír y otra reír por dentro. Sobre esto último Roque Dalton (6) me animó a decir en voz alta: ¡La risa es cosa seria!
Carlos A. Moreno (6) escribió algo acerca de un poema de Dalton. Transcribiré algunas partes de Moreno y el poema completo:
“(…) La poesía es una invitación a sonreír, a reírse de uno mismo, de los actos, de las equivocaciones, de los tropezones, de las mesuras, de las exactitudes. La palabra escrita está llena de sarcasmo, ironía y mofa. La capacidad para sentirse bien es un desafío para el latinoamericano, para aquel que ha olvidado lo maravillosas que eran las travesuras de niño, el chiste algo importunado pronunciado en el salón de clase, el dicho que no tenía nada que ver con la aflicción que se sentía pero que por su misma falta de sentido fue un aliciente para el alma. El poeta propone que se acepte el desafío, que se le diga sí sin prevención alguna, que solo el reír hará más amable la vida, que una ontología en América Latina inaugura la era de la carcajada, el ser también se alegra. Por eso escuchémoslo, seamos oídos a su exhortación, comprendamos que si para muchos es un convencimiento que el reír no es importante, para otros, ser feliz no está demás:
“Sí, sí / yo sé que odiáis la risa / los polvos y los lodos los residuos / la floración la tala edificante / el cuidado de la risa / Acaso no es la risa un clarín sucio –decís- / una huera navaja capaz de andar ahí / de mano en mano / haciendo daño por ejemplo a Dios?
Oh que es repugnante la risa –exclamáis con amplios gestos de asco- indigna es del hombre y sus espinas / indigna de sus cirios helados / cuya mínima luz hiela las sombras.
Indigna la risa indigna la sonrisa / la carcajada indigna.
Escupid, es decir, hablad.
Yo me río bajo las sábanas me río / Es fruta fácil / generosa / la risa.
Yo me río.”

En una conclusión provisoria digo:
– En un momento fui sarcástico, pero no me reí.
– En otro momento, fue y sigue siendo difícil, reírme de mí mismo.
– Compré risas, muchas, y me reí, pero adentro mío, pasado el momento, no sentí nada.
– Me vinieron ganas de reír sin mandatos, sin cosquillas mentales. Ganas de reír porque sí, sin dar explicaciones, ni a mí ni a nadie…

Carlos A. Quevedo

 

Referencias:
(1) “La Risa y la Culpa Cósmica” – Revista El Abasto – N° 202 – abril 2017 – pág. 6
(2) “Reír, Reírse” – Tomás Moro
(3) “Gas de la Risa” – ARTHAUS – Temporada de conciertos – 2023
(4) “Antología Rota” – León Felipe – Losada – 1998 – pág. 152-153
(5) “Reír llorando” – Juan de Dios Peza – Poeta mexicano
(6) “Roque Dalton: poesía y ontología en América Latina – Carlos A. Moreno – Universidad Santo Tomás. Del libro “Aproximaciones ontológicas a lo latinoamericano I” – Editorial Fundación Ross – 2012 – pág. 158 – 159

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