Podríamos describir la vida como una serie de acontecimientos, de eventos sucesivos, de momentos únicos e irrepetibles que pronto dejarán al niño de ayer, con suerte y si subsistió, en un anciano.
La verdad es que en una perspectiva mayor la vida pasa bastante rápido y, llega un momento en que nos toca muy de cerca aquello que reza aquel inolvidable tango “Volver” de Maldonado, Gardel y Le Pera: “Volver con la frente marchita” y con “Las nieves del tiempo” que “platearon mi sien”. Hay instantes en que esa vorágine del tiempo -en especial cuando estamos muy ocupados y olvidamos vivenciar y saborear cada instante- nos cae como un balde de agua fría. Uno de esos momentos de profunda reflexión suele ser cuando fallece alguien que valoramos. Ahí tomamos consciencia de lo fugaz de nuestro paso por esta tierra. Otro momento que, tal vez, nos mueva alguna ficha de ese saber innato puede ser cuando repasamos algún pasado que nos llega de cerca.
Acá la propuesta es que esa consciencia no sea un sufrimiento melancólico sino una amplitud de nuestra sabiduría, de lograr un entendimiento mayor de nuestra realidad. La historia contemporánea nos puede mostrar el desarrollo de lo que fue pasando para estar hoy en día en la situación que estamos. Nos cobija y nos brinda una identidad colectiva a través de generaciones compartidas en un mismo territorio y debería ayudarnos a trazar nuevas rutas de acción para un futuro mejor retomando -o incluso rechazando- viejos modelos ya transitados.
La historia no se va a repetir de modo idéntico, esa agua que corrió por el río ya no será la misma, ni nosotros tampoco, decía Heráclito. Pero sí hay siempre un retorno, modificado por cierto, especialmente profundizado en ese vaivén tan nuestro que nos lleva de extremo a extremo. En ese sentido hay algo cíclico, un retorno que siempre vuelve. Eso es una cuestión que vienen planteando muchos filósofos (con mucho énfasis habría que destacar a Friedrich Nietzsche) y escritores (como Jorge Luis Borges).
Podemos no quedarnos en ellos, porque si nos retomamos aún más atrás en el tiempo hay culturas milenarias que explican la vida desde la reencarnación (como lo hizo el cristianismo antiguo) o simplemente si entendemos la vida como una serie de sucesos de causa y efecto entenderemos que las cosas son como bumerán que vuelven. Siembra viento y cosecha tempestades dice en la Biblia. Y con esa lógica si sembramos benevolencia, cortesía y hasta amor cosecharemos algo mucho más agradable que fuertes tormentas.
Volviendo a ese pasado reciente… aquel que transitaron en persona aquellos sabios mayores que nos rodean: ¿qué sería rescatable y qué deberíamos buscar recuperar si lo hemos perdido? ¿Venimos mejorando como seres espirituales que somos o se han acrecentado aspectos negativos en nosotros como humanidad? En síntesis: ¿Qué deberíamos hacer hoy para mañana estar mejor?

Rafael Sabini

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