Parece mentira pero este mes marca que estamos a mitad del 2020, esto no solo muestra que el tiempo pasa volando, sino que además nos señala lo poco que hemos hecho este año recluidos por el aislamiento social obligatorio… ¿Poco? Parecerá poco, ¡pero en realidad hemos hecho un montón!

En nuestro caso en particular, cuando apenas estábamos retomando las actividades en el estudio Razendo, sede de nuestra redacción, tuvimos que suspenderlo todo, o mejor dicho, transformarlo todo. Dio como resultado, no solamente la continuidad de algunas clases online, sino que también nos permitió potenciar nuestro portal de noticias y, como si fuera poco, parimos una pequeña publicación, BienEstar, un suplemento de salud que hoy ya sale separado de la revista El Abasto.
Creo que de modo paralelo todos han vivido un montón de cosas en estos meses. Ni pensar de las autoridades que asumieron, o retomaron, sus respectivos cargos en diciembre y tuvieron que ver su energía tan enfocada a esta realidad de aplanar la curva para que alcancen las camas ante la pandemia.
Cada uno en su lugar ha hecho y descubierto nuevas habilidades. Sin duda el manejo de internet ha mejorado considerablemente para la inmensa mayoría. Las relaciones familiares y de convivencia seguro se han modificado, para bien o para mal, por tanto roce. Los escolares tuvieron que aprender a manejarse de modo virtual. El modo de trabajar de gran parte de la población es otro: mucho “home office” que hace de nuestra vida una larga continuidad -varias veces interrumpida- de trabajo. Artistas le buscaron la vuelta para poder seguir viviendo de su arte, o al menos seguir expresándose. Centros culturales que se virtualizan cada vez más, mientras simultáneamente, crece esa mano solidaria que alimenta a otros mediante tantas, y ahora bastante coordinadas, ollas populares. Que no consume, como bien explican los de la Casa Marielle Franco, solo gente que quedó en la calle, sino también en muchos casos vecinos que alquilan a los que no les alcanza el dinero. Porque la crisis económica nos toca a todos y a algunos más fuerte que a otros…
En la solidaridad estos espacios marcando un rumbo. Porque saben que ayudando a otros nos ayudamos a nosotros mismos, dado que en definitiva la importancia de la individualidad del ser es tal vez menos significativa, visto a la distancia, que la de la comunidad. Nos cuesta pensarlo porque nuestros egos son enormes, pero es en otros donde en realidad lo que logramos ir transformando cobra sentido. Con ese mismo sentido es que sin lectores no tiene sentido una publicación, por lo que agradecemos su interés.
Y con esa misma intención de entrega fue que parimos BienEstar, presentado una versión holística de la salud, donde la responsabilidad de estar sano ya no es del profesional, que siempre servirá para consultas, sino del mismo individuo quien en definitiva debe hacerse cargo de su propia existencia. Hay que aprender qué nos hace bien y qué nos daña. Retomando saberes ancestrales que han permitido que la humanidad llegara hasta este punto.
Creemos que no todo está perdido, pero estamos convencidos de que aún hay mucho por andar. Cada cual deberá decidir dónde posicionarse, qué derechos defender, dónde plantarse, dónde dar, qué brindar para que esta sociedad, este mundo, sea un poco mejor.

Rafael Sabini
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