En las ediciones últimas, hemos tratado de abordar la problemática de los desechos ─los RSU, residuos sólidos urbanos─ y su tratamiento y fundamentalmente su problematización.
Estoy profundamente convencido que a caballo de la modernidad, la ciencia, el poder tecnológico, la humanidad “ha metido la pata”. Por eso tenemos ahora, un desesperante problema de contaminación de alcance planetario. Solamente que sus hacedores no lo confesarán jamás.
Al contrario, van tratando de solucionar una dificultad siguiendo la misma senda; soluciones tecnológicas a los problemas creados tecnológicamente.
No advirtiendo que las soluciones son parte del problema.
Hemos visto el muy fresquito hallazgo, repentino, de la “termovalorización” para “eliminar” la basura. Es “el último grito”.
Echemos una ojeada a lo que está pasando en aquellos países de punta tecnológica que han emprendido ese camino hace años.

Europa es vanguardia de movimientos ecologistas. Han sido los primeros que al menos han puesto nombres a ese accionar. ¿Por qué han resultado estar entre los primeros? ¿Porque son más cultos, más inteligentes? ¿Más qué? De ninguna manera. Han resultado los primeros porque fueron los primeros en quedarse casi sin bosques, sin fauna autóctona, porque vieron la destrucción de sistemas ecológicos como el mar Báltico o el Mediterráneo, la Selva Negra u olas de calor o frío con decenas de miles de muertos.
En Europa, justamente por esa cierta escasez de bienes naturales (compensada más que ampliamente por la dotación de bienes de alta factura tecnológica), han empezado a valorar algo que cualquier sociedad tradicional tenía como pauta común de comportamiento: la circularidad de los bienes.
La modernidad desechó ese comportamiento ─conservar, preservar, mejorar, remendar, reusar, reciclar es todo deleznable y despreciable, propio de pobres ignorantes ─; todo se fue haciendo “use y tire” y de ese modo Europa se convirtió en el continente más insustentable del planeta. Justamente apoyado, amparado en la sostenibilidad de “los otros”, los periféricos, los “atrasados”.
El poder de seducción de la modernidad no permitió ver ese fenómeno precisamente; que los “adelantados” podían darse el lujo de la obsolescencia programada, el use y tire, el descartable, porque el resto del planeta proveía los recursos estragados por esa modernidad.
En pleno auge de la conversión de basura en energía, se ha hecho cada vez más relevante la cuestión de los recursos. Los “recursos naturales”. El aire, el agua, la tierra, los minerales… Que no se consiguen mediante artilugios tecnológicos.
Y lo que vemos en la “avanzada” legislación europea sobre desechos y cuidados ambientales es… la muerte anunciada de la termovalorización. Porque se apuesta a una cada vez mayor preservación del compostado, progresivo incremento del reciclaje, cuyo porcentaje va avanzando y se propone maximizar. Esto es la condena a muerte, aunque sea a plazos, de la incineración y su publicitada termovalorización.
Porque les va quedando claro que la incineración rompe esa circularidad. Queda un nudo pendiente y es la cuestión de los productos plásticos. Como no son biodegradables no hay forma de incluirlos al menos de modo radical, en la circularidad propuesta (se puede reciclar, pero de un modo siempre muy parcial, deficiente).
Frente a la montaña de plásticos, queda la tentación de la incineración con valor energético.
Nos contaba la revista Tetrapak: “Los envases de TetraPak al igual que otros para productos alimentarios, de papel y plástico, tienen un alto valor energético […] adecuados para la combustión, método cada vez más empleado para eliminar los residuos del hogar en los países más industrializados. […] el plástico aumenta[n] el contenido energético de los residuos y hacen que sea más fácil la combustión de otros componentes de la basura. […] Una tonelada de residuos del hogar en un país industrializado tiene actualmente el mismo valor calórico que 0,2 ton. de fuel-oil o 0,33 ton. de carbón.”
Esto, hace 15 años.
Pero las nuevas inversiones europeas apuestan a “prevención, reutilización o reciclaje”. El “Mapa de la Eficiencia de los Recursos de la UE aprobado por el parlamento europeo […] exige la desaparición para 2020 de la incineración de reciclables y compostables.”
¿Cómo encaran la proliferación de los plásticos, en continua expansión? Si un nombre le podemos dar a nuestra era es la de era plástica y más aun, de la plastificación.
Sin embargo, la organización Zerowasteeurope [Europa sin residuos] propone, literalmente, la prohibición de la producción de plásticos.
E impulsan la legislación para reducir y hasta acabar con plásticos de un solo uso (es decir, su inmensa mayoría).
¿Leyó bien, paciente lector? Que se acaben todos los envasados y embolsados múltiples, a menudo repetidos, para un transporte de minutos, del mostrador a la cocina. Perder esa “comodidad”, retornando a envases durables, que se usan y se higienizan y vuelven a usar. Perder con ello, también, una de las causas más avasallantes de la contaminación.

Así que, una vez más, estamos corriendo de atrás, creyendo ser vanguardia. Promoviendo la termovalorización como si estuviéramos aggiornados en la última onda tecnológica, cuando en realidad estamos incorporando, claro que ávidamente, los peldaños tecnológicos que los europeos están empezando a dejar de lado.
Tal vez por eso mismo, lleguen aquí con renovado énfasis. Porque quieren colocar pescado podrido como si fuera el más fresco.
Una vez más, la lucha es, entre el colonialismo mental y la resistencia endógena. ¿Tenemos con qué?

Luis E. Sabini Fernández
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Imagen: “La ola de plástico”, parodia de la famosa gran ola de Kanagawa​. Fuente: tunza.eco-generation.org

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