¿Cuántas veces no hemos sentido la necesidad de esa frase de Mafalda que está en el título? Cuando no damos más de obligaciones y encima estamos bombardeados de noticias aterradoras que muestran un mundo caótico e injusto. Que, desde que tengo uso de razón, estamos siempre al borde de la extinción…
Las disciplinas de autosuperación, como las artes marciales que terminan con “Do” o el yoga, qi gong, o porqué no también, el arte en general logran ese efecto de parar, correr la atención mediante una concentración plena a la tarea y así “oxigenarnos” como para luego seguir. Los hobbys sirven para eso. Y la meditación…
La otra vez un amigo me preguntó, luego de decirme que se dormía al meditar y que para él era un pérdida de tiempo: ¿Honestamente, qué ganás meditando? Y realmente lo que me vino en mente fueron las cosas que pierdo meditando: ansiedad, angustia, estrés, mala onda, enojos… y así una larga serie de cuestiones que hacen a nuestro bagaje más liviano. Y al contestarle eso noté que también cambia mi modo de ver el mundo, ya no lo veo siempre desde la ganancia y la pérdida, sino desde aligerar la carga de nuestro inconsciente, desde la observación y desde el poder percibir que en realidad todo es. Y así como está, cuando uno está meditando, está. Ni bien ni mal, está. Es. Ya sin juicio. Todo es el instante, el aquí y el ahora. Uno logra estar focalizado desde el espíritu, ese que nos une a todos. Y la idea es lograr trasladar éso al presente de la vigilia, lograr seguir con esa actitud mientras uno trabaja o está con otros.
En nuestra vida cotidiana hay grandes distractores de esa atención, peligrosos jinetes de la apocalipsis que hacen lo imposible como para volver darle una atención predominante a lo que percibe nuestro ego. Para José Luis Parise los cuatro jinetes del apocalipsis son: la ciencia, la religión, la economía y la política. No deja de ser recomendable estar enterado de lo que sucede, porque convivimos en este mundo, sin embargo, se recomienda no mirar demasiado las noticias para no repetir y repetir la muerte o la desgracia una y otra vez porque nuestro inconsciente lo percibe como una nueva desgracia cada vez. Pensar antes de actuar políticamente, buscar mantener nuestra economía en orden, confiar en avances científicos sin endiosar el método, que la ciencia no pase a ser la nueva religión, pues se financia mediante empresas y se mueve por el dinero. En definitiva no implica negarlos ni combatirlos, solo cuidarnos de que no nos tapen el bosque.
Y elegir bien los géneros de recreación por los que optamos mediante una simple pregunta: ¿Qué queremos estimular en nosotros mismos? Para impulsar y desarrollar lo que queremos es necesario estar en el mundo, no bajarnos. Así que si no lo tiene aún, busque su cable a tierra. Que el desafío puede ser un proceso muy interesante y enriquecedor.

Rafael Sabini
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