Al fondo de este PH abastense, en Valentín Gómez y Jean Jaurés, asoma una puerta que lleva a un viaje de espíritu, colores, movimientos y sensaciones. Aquí funciona DurgaMa, el Centro Integral de la India fundado por Silvia Rissi. Distintas maestras y educadoras enseñan danza clásica de la India, danza Bollywood, Kalaripayattu (arte marcial), canto clásico y devocional e incluso masajes ayurvédicos.
Silvia destaca de esta cultura la relación con lo divino y espiritual desde lo cotidiano: “Levantarse, cómo saludar, la postura para sentarse. A través de la emoción y expresión del arte uno se aleja de lo mundano y se acerca a la divinidad, a vincularse con las energías propias, a ver lo sagrado en cada aspecto de este universo”. “Las deidades representan energías del universo que están en nosotros mismos”.
Al recorrer DurgaMa prevalecen los colores vivos en prendas, cuadros y figuras de veneración. Hay orden y pulcritud, que ayudan al clima de tranquilidad, también a la atención y el esmero. Cuenta que este centro integral funciona hace una década, pero su vínculo con la cultura de la India inicia mucho antes, a fines de los años noventa cuando trabajaba de diseñadora gráfica. Por medio de la embajada de la India se contactó con distintos maestros. Destaca haber conocido a Myrta Barvie, bailarina del Teatro Colón y pionera de las danzas de la India en Argentina. Gracias a ella logró viajar.
Fue por primera vez en 2006, durante medio año. Estudio Kuchipudi y Bharata Natyam (danzas clásicas). Al volver empezó a dar sus primeras clases. En 2009 regresó a la India. Fue un viaje trascendental que influyó en la apertura del centro integral del Abasto. Vivenció Gurushiksha Parampara, es decir, vivió con un maestro durante su periodo de enseñanza. “Guruji, Gangadhar Pradhan, el fundador de la escuela Natyamandap, una de las mayores exponentes de la danza Odissi, me puso el nombre DurgaMa”.
Silvia nos dice: “Es una de las diosas de la India con más altares y más venerada. Es una diosa guerrera, que no por eso pierde su aspecto femenino. Se dice que es una diosa guerrera, que ilumina en la ignorancia y combate el mal”. “También mediante esta diosa se habla de la perseverancia y el esfuerzo, es algo que me marca”, suma.
Silvia cuenta que le insistió a Myrta para que diera talleres, pero ella, a la inversa, la alentó a hacer lo propio. Con ese empuje consolidó la enseñanza en lo que hoy es DurgaMa. Los primeros tiempos eran en lugares rentados por hora y más tarde llegó a un PH en Villa Crespo, donde estuvo siete años y configuró la esencia actual. En ese mismo lugar ella empezó a contactar a las actuales profesoras: Eugenia Laurenza (Bollywood); Mira Tevsic (Música); Carla Guida Johnson (Kalaripayattu); Anabella Chacon Alvarez (consulta con médica ayurvédica). También hay clases especiales como una de cocina de la India que estuvo a cargo de Shobha Desmukh de Madariya (oriunda de la India) a mediados de marzo.
“Estaba en busca de profesores con las mismas intenciones que yo. Trabajar con energía de la India es especial”, resalta. A Silvia se la puede ver también como una gestora y difusora de la cultura de la India por fuera de DurgaMa. Durante varios años participó en el Festival de la India en el Centro Cultural Borges, organizado por la Embajada de la India en Argentina. También ha recorrido el país haciendo presentaciones y el año pasado desarrolló Colores de la India, un festival en el Anfiteatro del Parque Centenario de Caballito con decenas de artistas en escena. Debido al éxito de convocatoria, se iba a replicar este año.
Al mencionar cada uno de estos acontecimientos es enfática y destaca lo positivo de las vivencias. Asoma el aspecto perseverante entre sus palabras, el nombre DurgaMa suena atinado al sentir la energía que contagia.
De lejos, la cultura de la India parece lejana e incomprensible. Sin embargo, al hablar con Silvia y recorrer el centro integral del Abasto uno siente nacer el interés por nuevos saberes, otras formas de contemplar el universo, un modo preciso de relacionarnos con lo divino pero también con nuestro cotidiano.

J.M.C.

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