Una vivienda de Almagro, ubicada cerca del Parque de la Estación, que comenzó como un espacio compartido entre amigos se transformó en un proyecto que busca activar sus ambientes y su patio con propuestas culturales, ferias, producciones y reuniones. “Queremos que sucedan cosas”, cuentan sus residentes.
Casa Sánchez comenzó el 1 de julio de 2025 como una experiencia compartida entre amigos y amigas, algunos arribados a Buenos Aires por primera vez. Con el paso del tiempo, empezaron a imaginar otros usos para el lugar. Hay varias habitaciones, recibidor, oficina y un patio amplio con plantas, conectado con un extenso vitral. Sus integrantes la presentan como “un oasis verde, un pedazo de cielo azul” en medio de la ciudad.
La idea inicial era poner los ambientes a disposición de personas que necesitaran un lugar para crear. Sesiones fotográficas, grabaciones, registros, producciones, muestras, encuentros y reuniones forman parte de las posibilidades que ofrece la casa.
“Disponer la casa a distintas cosas culturales, sociales que se puedan hacer relacionadas a distintas disciplinas artísticas”, explica Lola, una de las responsables del lugar. Ya en ese momento aparecieron propuestas para realizar un cortometraje y sesiones de fotografía, además de otras iniciativas que encontraron en la vivienda un posible escenario.
“Cosas que suceden alrededor de una casa”, definen a esta experiencia con un tono hogareño e intimista.
La activación de la casa también incorporó una feria de ropa vintage, que comenzó a funcionar como otra forma de abrir el espacio. La segunda edición de la Feria de Ropa Vintage y “Joyitas Perdidas en los Placares” se realizó el 19 de septiembre, con emprendimientos de indumentaria y objetos, música, tatuajes, comida, café y vinos. La actividad fue organizada junto con Finde Club, un popular newsletter sobre agenda cultural porteña.
“La idea es que esté curada, que cada fecha tenga algo pensado, siempre girando en torno a la ropa”, explican. Para sus organizadoras, las prendas pueden funcionar como una puerta de entrada a otro tipo de experiencia.
“La ropa también puede ser una excusa de decir: ‘Bueno, que vayas a un lugar y digas, encontré esta joyita, barato, que estaba acá guardado’”, señalan. En ese sentido, la propuesta busca recuperar el componente de sorpresa de las ferias y la posibilidad de encontrar objetos que vuelven a circular.
Esta experiencia también permitió sumar otras actividades alrededor de la casa. En las últimas jornadas hubo música y un espacio de tatuajes, mientras que también surgieron propuestas para pasar vinilos y realizar nuevas actividades culturales.
“Nos parecía muy interesante armar espacios de encuentro”, cuentan sus impulsoras. La intención es recuperar una forma de vincularse de manera presencial en un contexto atravesado por las relaciones virtuales. “Como volver un poco a esto de decir: ‘Che, nos juntemos a tomar algo, a charlar, nos conocemos’”.
Esa búsqueda aparece también en la propia historia de quienes integran Casa Sánchez. Trinidad, una de las impulsoras de la feria, es amiga de Lola desde hace años y llegó a Buenos Aires desde Córdoba. Durante sus primeros meses en la ciudad vivió temporalmente en la casa junto con sus amigos, una experiencia que terminó reforzando la idea de que ese espacio podía albergar algo más que la vida cotidiana de quienes lo habitaban.
“Este lugar sí alberga o puede albergar un montón de cosas más, como en su momento albergó amigos, en su momento albergó cenas y cosas más desde el orden de lo íntimo”, cuenta Trinidad. A partir de esa experiencia surgió la decisión de ampliar la propuesta.
La primera feria funcionó también como una prueba de esa apertura. “Uno abre las puertas de tu casa expectante y la gente es muy buena onda, muy cuidadosa con el espacio”, destacan. Para las organizadoras, esa experiencia permitió pensar que una vivienda particular podía recibir a personas ajenas al círculo cotidiano sin perder su carácter de casa.
“Cuando uno también abre un espacio privado, mostrás otra cosa”, señalan.
Desde Casa Sánchez aclaran que no buscan presentarse como un espacio cultural tradicional. “La gente nos pregunta: ‘¿Es un espacio cultural?’. No, es simplemente una casa. Queremos que sucedan cosas”, explican.
Esa diferencia es parte de la identidad que buscan construir. No se trata solamente de alquilar ambientes, sino de generar actividades propias y colaboraciones. “Buscamos abrir al encuentro, hacer un newsletter, hacer colaboraciones”, plantean.
La intención es que las propuestas tengan continuidad y que la casa pueda desarrollar un ritmo propio. “Lo vemos como también un proyecto a largo plazo, no es decir que hacemos una feria y nada más, sino que todo el tiempo lo estamos construyendo desde una singularidad, pero para que empiece a ser algo rítmico o reiterativo y que la gente sepa que el mes que viene hay una nueva fecha”, explican.
La respuesta de quienes participaron de las primeras actividades reforzó esa idea. Después de la primera feria, algunas personas dejaron sus datos y preguntaron cuándo sería la próxima. “Nos despertó como esto: ‘Ah, entonces va a haber una próxima’”, recuerdan.
Para las organizadoras, esa recepción también confirma que la apertura de la casa necesita de una respuesta del otro lado. “Podés ponerle mucha onda, pero si del otro lado no hay también como la llegada, falta la mitad de la pata”, resumen.
Casa Sánchez también busca aportar una dinámica propia al barrio. Lola y Trinidad son oriundas de Córdoba, donde las ferias de ropa vintage forman parte de una escena que conocían y frecuentaban. La llegada a Buenos Aires les permitió trasladar esa experiencia a un nuevo territorio.
“Todo era un poco también de ese ejercicio que hacíamos allá a un territorio quizás desconocido, si se quiere, con algún barrio nuevo, ciudad nueva y sembrar algo que se empiece a suceder, digamos, a repetir”, cuentan.
La apuesta de Casa Sánchez es, así, progresiva: abrir una casa particular para una feria, una sesión de fotos, un cortometraje, música, tatuajes, comida o simplemente una conversación. “La idea es eso: pasar una tarde y abrir un poco la casa”, explican.
A contraluz del clima de época, signado por las pantallas, la inmediatez y la interacción digital, el proyecto propone recuperar el encuentro presencial como parte de la experiencia cotidiana. “Acercar esa distancia”, dicen. Y que, en ese proceso, personas que llegan sin conocerse puedan terminar compartiendo una actividad, una charla o incluso un nuevo vínculo.
Casa Sánchez se presenta así desde una idea sencilla: “Cosas que suceden alrededor de una casa”. Una vivienda de Almagro que comenzó como un espacio íntimo y que ahora busca abrir sus puertas, de manera gradual, para que alrededor de ella puedan suceder nuevas historias.
J.M.C.