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Proponen fijar una placa conmemorativa en Callao 765, hogar de Enrique Santos Discépolo

Lo impulsan en la Legislatura porteña.

La legisladora porteña por Unidad Ciudadana Andrea Conde presentó un proyecto de Resolución para fijar una placa en el edificio ubicado en la calle Callao 765, en San Nicolás, donde vivió y murió Enrique Santos Discépolo, el 23 de diciembre de 1951. A pocas cuadras está el pasaje que lleva su nombre.

La placa llevará escrito: “En este edificio vivió Enrique Santos Discépolo (1901-1951); actor, escritor, director teatral y letrista de tango. Un artista comprometido con su gente y con su tiempo. Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires”.

A la hora de defender esta propuesta, la legisladora expone: “A diferencia de otros creadores populares que desplegaron su talento de modo instintivo y un tanto naif, para luego ser reivindicados por futuros exégetas, Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra -más de una vez definida como “profética”- expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso “Cambalache” persiste, está vigente. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue mordiendo”. “Discepolín, así lo llamaban los que lo querían, asumió, además del deber hacia el otro a través de su arte, ya sea como letrista de tangos, como actor, como autor teatral o director cinematográfico, un compromiso político apasionado”, se añade.

Sobre la vida del autor, se evoca: “Enrique Santos Discépolo fue hijo de inmigrantes, quedó huérfano de padre y madre a los 9 años de edad. Seguramente su padre músico le inculcó en poco tiempo su amor por el arte. Es probable que siendo su hermano mayor Armando Discépolo, un escritor con una incipiente carrera como autor teatral, su influencia haya sido determinante a la hora de entreverar sus histriónicas letras ora trágicas ora cómicas en un reverbero grotesco tan argentino y trascendente como su compromiso para con el otro. Frases como  “Que el mundo fue y será una porquería”, “Vale Jesús lo mismo que el ladrón”, “Cuando la suerte que es grela fayando y fayando te largue parao”, “De chiquilín te miraba de afuera como esas cosas que nunca se alcanzan”, “Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás”, “Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”, “Carancanfunfa se hizo el mar con tu bandera y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina”, “Vi llorar la biblia junto al calefón”, nos resuenan aún hoy en nuestras cabezas y oídos”.

“Su embanderamiento con el General Perón le granjeó tantos amores como odios. Discepolín, como ciudadano, como artista popular, entendió su destino en esta vida de una manera en la que no cabían las medias tintas y por ese motivo se tiró de cabeza, con el corazón por delante de sus ojos, a favor de una causa de la que estaba convencido. Enrique Santos Discépolo se empapó de peronismo y todo el antiperonismo de entonces le cerró las puertas de forma tan oprobiosa que este hombre bueno se murió de tristeza. La misma noche de su muerte acaecida cuando contaba con apenas 51 años de edad, el Presidente Perón, impuso el nombre de “Enrique Santos Discépolo” al teatro en donde Discepolín venía representando con inusitado éxito su obra Blum”, se resume sobre su vida.

“Los avatares de la vida política argentina han hecho el resto con la nominación de ese templo teatral por el que han pasado las mayores figuras de la escena nacional. Enrique Santos Discépolo murió el 23 de diciembre de 1951, de un síncope cardíaco, en la casa en la cual vivió la mayor parte de su vida sita en Callao 765 y es por todo lo enumerado anteriormente que queremos se lo recuerde también en este lugar mediante una placa”, concluye Conde.

J.C.

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