“Era un sueño abrir un lugar en el Abasto”, dice Mariano Atahualpa Pintos, gestor cultural que junto a su socio Hernán “Alqui” Alcaraz abrirá este mes Los Dones, un nuevo espacio artístico y social en Zelaya 3048, casi esquina Jean Jaurés. Después de un año de trabajo para recuperar una antigua casona que, según recuerda, se había convertido en “un pantano”, el proyecto reunirá una sala de teatro, música en vivo, café, actividades comunitarias y un museo dedicado a contar la historia no oficial del Abasto. “Quiero que alguien venga, tome un café, vea una obra y piense: ‘Quiero volver’”, resume Pintos.
La inauguración oficial está pautada para la noche del viernes 14 de agosto, con una celebración barrial que reunirá a referentes de la escena local como el Sindicato de Borrachos del Abasto, Mirtha Godoy y Los Casanova. La velada incluirá la propuesta musical y escénica de El Porteñito – Hijos del Tango, escrita por el músico y vecino Joaquín Marucco y ambientada en el propio barrio, marcando el inicio formal del espacio dentro del circuito cultural de la zona.
Pintos —nacido en Balvanera y con más de dos décadas de trayectoria en la gestión artística entre Buenos Aires y Mar del Plata— venía buscando desde hacía tiempo afincarse en la zona. “Siempre soñé con una sala acá en el Abasto, con un espacio en el Abasto. Pasaba por la puerta y decía: ‘Acá voy a hacer algo, voy a tener pertenencia acá’”, relata. Ese deseo cobró forma cuando lo contactaron por una antigua propiedad familiar con falta de mantenimiento y que tuvo ocupaciones temporales. “Vine a verla y me ocupé todo un año de ponerla en valor, trabajando todos los días. Era una casa destruida. Era un pantano. Faltaban sapos, había un lago. Faltaban techos, había lauchas. Muy pocas personas hubiesen visualizado este espacio”. Sin embargo, la visión estuvo desde el primer minuto: “No había techos, no había puertas, había paredes por todos lados, pero yo veía el teatro ahí. Veía el café acá”.
Ese proceso de obra a puertas abiertas terminó convocando al barrio. Joaquín Marucco, creador del proyecto multidisciplinario El Porteñito y músico de Sindicato de Borrachos del Abasto, pasaba por la cuadra, vio movimiento y decidió golpear la puerta para preguntar qué estaba pasando. “Nos presentamos y así apareció toda esa magia que tiene el Abasto”, recuerda. Para él, aquel encuentro sintetiza la identidad del barrio: “La mística no tiene competencia”.
La sintonía fue inmediata y Marucco comenzó a llevar a turistas y vecinos de sus recorridos guiados a recorrer la obra. “Entraba gente a ver la obra y eso nos impulsó muchísimo”, recuerda Pintos. “Turistas se sorprendían con la historia del barrio y con las ruinas de un lugar que estaba en construcción. Un alemán nos decía que esto le recordaba a Berlín y a los edificios que quedaron abandonados tras la guerra y se recuperaron como espacios culturales. Si lo ves de afuera, es muy grosso”.
Con más de veinte años en la gestión cultural, Pintos define el perfil de Los Dones: “Somos teatristas de oficio. Nos interesa que pueda venir cualquier tipo de público y que todos puedan disfrutar”. Por eso, la accesibilidad fue pensada desde los cimientos: “Al levantar cada pared pensaba en la gente ciega, en personas con movilidad reducida. Antes minimizaba esas cuestiones; hoy son fundamentales”.
“La mística no tiene competencia”, insiste Marucco, y Pintos agrega que, según su mirada, prevalecen en el tiempo los proyectos con alma, que hacen sentir al público en casa. Habla de un espacio de encuentro, para compartir con los conocidos y también para sorprenderse y conocer gente nueva.
En la sala principal, con capacidad para 60 espectadores y dimensiones similares a la histórica Sala Gregorio Nachman del Auditórium de Mar del Plata, primó la mirada de quienes conocen el escenario desde adentro. “Mi socio viene del palo de la música y yo del teatro, así que fuimos pensando cada detalle, desde dónde va un reflector hasta el último cable”.
La propuesta es que la grilla dialogue con las manifestaciones artísticas nacidas en el Abasto y que haya espacio para obras teatrales, música en vivo y también talleres diurnos, priorizando a artistas locales.

El espacio gastronómico busca ser accesible para todos los bolsillos. “Tenemos muy claro que queremos precios que nosotros mismos podamos pagar cuando salimos. Tomamos como referencia bodegones e hitos del barrio como El Banderín, donde podés disfrutar sin que el precio de una cerveza sea un límite”.
Por otra parte, en Los Dones funcionará el Museo no oficial del Abasto, coordinado por Marucco a través de El Porteñito, un recorrido de fotografías, proyecciones audiovisuales y archivos surgidos de años de investigación sobre la historia barrial. En las paredes del zaguán de ingreso ya se colgaron fotos del primer Mercado de Abasto, a fines del siglo XIX, y de la estructura que hoy prevalece sobre la calle Lavalle. En la sala del café hay cuadros con la evolución del Pasaje Carlos Gardel. La instalación continuará incorporando nuevos materiales.
“Queremos contar la historia resumida en una pared, pero también contar la otra historia”, explica Marucco. “Lo llamamos ‘no oficial’ porque existe la historia de la resistencia cultural, de los espacios que sobrevivieron cuando desapareció el mercado y cambiaron tantas cosas en el barrio. Queremos que alguien venga a tomar una cerveza o a ver una obra y, sin buscarlo, termine descubriendo la historia del Abasto”.
Para Marucco, además, esa esquina tiene un significado personal. “La primera vez que escribí un tango fue ‘Pasaje Zelaya’, parado en esta puerta, cuando tenía 17 años”. El tema integra la discografía de Sindicato de Borrachos del Abasto. “Reencontrarme con esta casa tuvo algo de destino. La historia volvió al punto de partida”.
La apuesta de Los Dones también incluye un costado social y comunitario mediante un convenio con la ONG Inclusión Solidaria, que ofrecerá talleres gratuitos de teatro, música y capoeira para vecinos del barrio.
“No es un proyecto a corto plazo ni pensado para un contrato de tres años. Es un proyecto para muchos años”, remarca Pintos.
Ambos también imaginan nuevas iniciativas para consolidar al Pasaje Zelaya como una red barrial y cultural. Las dos cuadras entre Jean Jaurés y Agüero alojan espacios como El Cubo (enfrente), Cátulo, Zelaya (teatro), Asociación Viggianello y El Zorzal, entre otros.
Una primera propuesta que surge en esta charla es volver a realizar festivales con corte de calle, retomando el espíritu de la tradicional Quema del Muñeco, organizada durante años por la red RIOBA en Zelaya y Anchorena antes de trasladarse al Parque de la Estación.
La respuesta de los vecinos durante las semanas previas a la apertura terminó de confirmar que el esfuerzo había valido la pena. “Nos empezó a escribir gente por Instagram para decirnos: ‘Gracias por recuperar este lugar’. Sin haber abierto, el barrio ya lo estaba abrazando”, cuenta Marucco, quien resume el momento con una idea que atraviesa todo su proyecto El Porteñito: “El Abasto vuelve a brillar”.
Pintos completa esa definición con la filosofía que imaginó para Los Dones: “No queremos que esto sea solamente un bar o un teatro. Sigue siendo una casa. Acá nadie puede entrar y que no lo reciban. Queremos que la gente venga, disfrute, se quede un rato más… y quiera volver”.
J.M.C.