San Abasto Subterráneo Cultural es una sala de teatro independiente ubicada en Sánchez de Bustamante 632, impulsada por la actriz, productora y gestora cultural Celina Tellería y el psicólogo, psicoanalista, escritor y docente universitario Martín Smud.
El proyecto abrió sus puertas hace poco más de dos años y medio —”nosotros somos muy nuevos”— con la premisa de convertirse en un punto de encuentro para el desarrollo de actividades teatrales, cursos anuales, presentaciones de libros y diversas expresiones artísticas. San Abasto se distingue por ser un emprendimiento sostenido mediante “un trabajo familiar muy grande” en una casa histórica con sótano típico del Abasto, donde conviven la producción propia y una cartelera con espectáculos a la gorra bajo la convicción de que “el público tiene que habitar el espacio”.

Trayectoria y recorrido de sus impulsores

Detrás de la propuesta de San Abasto se encuentra el recorrido artístico y académico de sus creadores, quienes integran sus respectivas disciplinas en la dirección del centro. Celina Tellería es actriz egresada de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) de Mar del Plata, con una vasta trayectoria que abarca producciones en teatro, cine y televisión, además de contar con una diplomatura en Gestión Cultural por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Por su parte, Martín Smud se desempeña como psicólogo, psicoanalista, docente universitario y escritor, con varios libros publicados en su haber. Esta convergencia entre las artes escénicas, la gestión y el ámbito del pensamiento dota al espacio de una impronta interdisciplinaria orientada a la experimentación y al desarrollo comunitario.

Origen y puesta en valor del espacio

La llegada de sus impulsores al lugar guarda relación directa con el vínculo previo que la familia mantenía con el distrito. Smud coordina desde hace dos décadas la institución Episteme, ubicada de forma contigua al actual teatro. Tras la pandemia de COVID-19, la pareja decidió alquilar una vivienda en la planta alta sobre la institución para estar más cerca de su ámbito laboral. Fue en ese contexto cuando detectaron que la propiedad lindera, comercializada de manera integral como inmueble, se encontraba a la venta.
“Vimos que estaba en venta este lugar y ahí empezamos a proyectar y a armar el proyecto. Compramos acá y hubo que empezar a hacer todas las reformas”, recordó Tellería.
El espacio había funcionado originalmente como el salón de usos múltiples y depósito de una residencia estudiantil. Al haber permanecido cerrado y sin mantenimiento durante un largo período, la estructura presentaba un marcado deterioro en el sector posterior. Para lograr la habilitación técnica y la apertura al público, fue necesario encarar obras de infraestructura que incluyeron la construcción de la escalera de descenso y la instalación de sanitarios.
La inauguración coincidió con un contexto socioeconómico complejo para el sector cultural. Sin embargo, la sala comenzó a sumar rápidamente a docentes y artistas en busca de franjas horarias centrales para dictar clases.
“Fue difícil conseguir sala para dar clases de lunes a viernes en el horario central y enseguida se acercó Ezequiel Tronconi y otra gente que buscaba hacer sus cursos anuales”, explicó la actriz.

Un patrimonio histórico ligado a la memoria del Mercado

“Este barrio tiene las típicas casas del Abasto que tienen un subsuelo; por eso es Subterráneo Cultural”, detalló la gestora. La arquitectura del lugar guarda una estrecha relación con el desarrollo urbano de la zona. Históricamente, este tipo de sótanos eran una característica distintiva de las casas de renta construidas en los alrededores del antiguo Mercado de Abasto, donde las instalaciones subterráneas se utilizaban para alojar y dejar madurar la fruta que luego se comercializaba en el barrio. Frente a la constante demolición de construcciones antiguas en el distrito, la preservación y reconversión de este sótano representa un aporte positivo a la conservación del patrimonio histórico y la identidad comunitaria.
Desde la fachada sobre la calle Sánchez de Bustamante, el frente de la sala presenta una intervención artística realizada con placas que rinden homenaje al histórico mercado, a Carlos Gardel y a diversos íconos de la mitología popular local. Sobre esto, Tellería destacó: “Acá nosotros en la entrada tenemos también otras pinturas relacionadas al Abasto que tienen su cultura del tango, del rock”.
Por dentro, el espacio se despliega de manera amplia, alegre y ecléctica, reflejando el cuidado y la dedicación destinados a equipar la sala para la actividad teatral. El ámbito transmite un clima de bohemia cálida y cuenta con mesas donde el público puede sentarse a tomar algo antes o después de las funciones, además de un rincón donde se exhiben los libros publicados por Martín Smud.

Un laboratorio de creación y gestión familiar

Más que un espacio de exhibición tradicional, la dirección del centro concibe a San Abasto como un ámbito de experimentación e incubación de proyectos. La oferta formativa incluye clases de actuación y laboratorios de creación. De esas instancias lectivas suelen derivar producciones teatrales que luego se incorporan a la cartelera del lugar, como las piezas Buenas y Santas o Santa Barriete, además de propuestas como La Pielcita, Sombras nada más (basada en el legado de Vicente Zito Lema) u Olivia, una obra orientada a la concientización sobre el Alzheimer.
“Se va armando como una especie de cooperativa artística”, definió Tellería al describir cómo los alumnos, docentes, directores y técnicos tejen redes de colaboración que nutren la programación.
La administración del lugar se sostiene mediante un esquema de autogestión familiar. Tellería y Smud coordinan la programación, la atención en puerta y la producción junto a sus hijos, combinando esta labor con sus respectivas carreras profesionales. En materia de acceso al público, la sala implementa funciones a la gorra y localidades a precios accesibles o entradas populares.
“Muchas obras también son a la gorra, o sea que están abiertas a la comunidad”, resaltó Tellería, destacando que esta modalidad busca facilitar la asistencia del público en un marco económico restrictivo.

Identidad barrial y la presencialidad del teatro

En cuanto a la inserción en el entorno, Tellería remarcó la convivencia comunitaria, la proximidad con otras salas independientes de la Comuna y la riqueza del entramado social del Abasto: “A mí me encanta porque hay un movimiento cultural muy grande, es muy particular, pero está llena de artistas, tiene una energía hermosa”, sostuvo sobre la zona.
Asimismo, destacó el sentido de pertenencia y apoyo mutuo que atraviesa al distrito: “Salva, es un barrio solidario. Lo que decíamos de las ollas, el movimiento, la comunidad”.
Finalmente, sobre el sentido del proyecto frente a la virtualidad, la gestora reflexionó: “Yo tengo una felicidad enorme porque tengo redes, porque tengo una paciencia infinita para eso y no las redes del Instagram o las redes de lo que hablamos en el día de hoy: la red de miramos cara a cara, la red de hablar con cada persona”.
“Para mí es lo presencial y es la mirada del otro y es un ida y vuelta que solo se puede hacer cuando uno está presente, y el teatro es presente, y todavía no hay IA que lo pueda tirar abajo porque tiene que ser presencial y la magia es esa. Y es lo lindo también, porque uno está todo el tiempo con la concentración quemada que cada dos minutos se te va al teléfono, en cambio el teatro te mete”, concluyó.

J.M.C.

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