Abasto Almagro Historia Revista El Abasto 313, julio 2026

Museo Kosice: el Da Vinci de Almagro que forjó el océano en una casa chorizo

De ser vecino de Carlos Gardel a presentar en la NASA su proyecto de ciudades voladoras del futuro. Gyula Kosice fue un artista autodidacta que revolucionó las artes visuales al crear esculturas con articulación, luz de neón y agua en movimiento. Expuso en galerías internacionales y pobló el espacio público de muchas ciudades con sus monumentos. A sus primeros cuadros con volumen y formas irregulares los confundían con muebles y luego sus joyas de acrílico y agua se volvieron tan populares que divas como Mirtha y Susana las lucieron en revistas de época. El legado de este Leonardo Da Vinci de Almagro vive en el museo que antaño fue su taller, ubicado en Humahuaca 4662. Allí, la Fundación Kosice, a cargo de su familia, resguarda y exhibe más de 200 obras y ofrece visitas guiadas pensadas como un espacio lúdico y de asombro sensorial para toda la comunidad.

“En estos últimos años empezó a haber mucha más afluencia de gente y de escuelas, porque se dan cuenta de que Kosice era un adelantado. Fue un artista que siempre estuvo localizado acá en Buenos Aires. Él estaba constantemente en comunicación con artistas con nombre internacional, pero había algo que él pensaba desde Argentina para el mundo”, destaca Florencia González, educadora e integrante del equipo del museo, en el cual resaltan la “conjunción del arte, la ciencia y la tecnología”.
La obra de Kosice, Ciudadano Ilustre porteño, es un lenguaje amable y cálido con su público. Entre luces que aluden al cosmos, curvas pulidas de metal y la música del agua en movimiento, se genera un asombro que conmueve a grandes y chicos. La curiosidad y el deleite que debe haber sentido el artista al jugar y experimentar con los materiales son los mismos que anidan en quienes recorren sus creaciones.
“Qué bárbaro, a quién se le hubiera ocurrido”, dice una señora entre risas mientras hojea un catálogo del artista. Es el suvenir que se lleva a su casa al terminar la visita al museo junto a un numeroso contingente.

Llegar al barrio

Todo inicia con un viaje que marcaría al autor. Nacido como Ferdinand Fallik en 1924 en la antigua Checoslovaquia, a los cuatro años se trasladó con su familia desde la Europa central al barrio de Almagro. Aquellas aguas infinitas que apreció a bordo luego iban a hacerse presentes en su obra.
De niño, en estas calles de Almagro llegó a cruzarse con Carlos Gardel, algo que siempre recordó con orgullo. En su autobiografía editada por el Malba en 2010, el artista mencionaba que el barrio entero se paralizaba al ver al Morocho del Abasto, vecino de siempre que tenía la casa de su madre en Jean Jaurés.
Al crecer, adoptó su nombre artístico en homenaje a su ciudad natal y al escritor Julio Verne, porque en sus novelas incluía inventos adelantados a la época, como el submarino. Por eso mismo, adoraba a Leonardo Da Vinci. Años después, en un cuadro iba a poner su foto junto a la del maestro renacentista.

La casa que aloja un océano

El joven artista empezó a trabajar en la confección de carteras, en la industria del cuero, y de forma autodidacta incorporó el conocimiento para el manejo de distintos materiales, algo central en su producción.
“Era un hombre muy estudioso desde su propio camino autodidacta, muy vinculado a la teoría y a la práctica. Él investigaba muchísimo, estudiaba un montón y llevaba adelante la práctica”, destaca Florencia.
Al tiempo, Kosice se consolidó como artista y pudo montar su taller en la antigua casa chorizo de la calle Humahuaca. Allí forjó monumentos, estudió formas y materiales. Décadas más tarde, siendo una leyenda viviente, en 2005 cristalizó el sueño de abrir el museo. Costeó la reforma al vender obras originales. Así dio lugar al espacio lúdico donde hoy escuelas locales y familias se maravillan con obras realizadas hace más de medio siglo que parecen recién terminadas.
En la web del museo hay una tierna foto del artista, ya peinando canas, rodeado de sus obras y de decenas de chicos y chicas de jardín, escena que condensa la idea del museo como espacio de encuentro.
“Lo que impacta más es que de afuera no parece un museo. No tiene esa nomenclatura típica, está la gotita y dice Museo Kosice, lo que le da una atmósfera de mucha más intimidad”, resalta la educadora.

No eran muebles

La herencia de Kosice no es solo material, sino también metodológica. El artista combinaba su faceta de creador con un rol activo como teórico y poeta, llegando a publicar 18 libros a lo largo de su vida. Su revolución comenzó a los 20 años, en 1944, cuando creó Röyi, considerada la primera escultura articulada y móvil latinoamericana, una pieza que exigía la participación activa del público para cambiar de forma.
Dos años más tarde, el artista de Almagro fundó el Arte Madí en un manifiesto sobre la “creación e invención totales, liberando al arte de todas las ataduras”. Convocó a un numeroso grupo de pintores, poetas y creadores, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. “Él era un sujeto de su época, en conexión con otros”, resalta Florencia.
En este período, realizó pinturas rompiendo la noción de marco cuadrado: las obras tenían bordes circulares, huecos o forma de serrucho. Incluso en algunos casos se incorporaba el volumen; al lienzo le crecía una “panza” que transformaba la perspectiva de las pinceladas.
Los Madí expusieron primero en casas particulares, como la del psicólogo social Enrique Pichon-Rivière, y tuvieron repercusión internacional. Lograron una exposición en París y, al enviar los cuadros, en la aduana los habían rotulado como muebles al no entender las formas y relieves.
La confusión sintetiza lo disruptivo que planteaban Kosice y los Madí en aquel tiempo. Hoy seguimos hablando de la tapa irregular del disco Artaud de Pescado Rabioso (1973), mientras que el Da Vinci de Almagro décadas atrás ya había jugado con esos límites.

La gota que llena el océano

Por otra parte, el maestro fue un pionero en la experimentación de materiales: se convirtió en el primer artista en utilizar gas neón para “dibujar” con luz en 1946, y el primero en emplear el plexiglás —un acrílico industrial de la época— aportándole colores, burbujas y profundidad; incluso diseñó mecanismos para incorporar juegos lumínicos sobre el plástico traslúcido.
En 1948, con la instalación “Una gota de agua acunada a toda velocidad” introdujo el agua en movimiento (arte hidrocinético). También diseñó los mecanismos y motores para regular la circulación del líquido. En adelante creó diversas piezas con la misma búsqueda, cada una con un sonido único.
Esa misma agua que lo había cautivado de niño al cruzar el océano ahora lograba incorporarla en una obra que rompía con todo lo creado hasta ese momento.

Un vecino en la NASA

En aquella época Kosice también concibió su proyecto “Ciudad Hidroespacial”. La idea germinó en 1946 a partir de su afirmación poética de que “el hombre no ha de terminar en la Tierra”. Preocupado por la futura superpoblación y buscando liberar al ser humano de la arquitectura tradicional que lo ataba al suelo, ideó un sistema urbanístico y filosófico de ciudades voladoras y hábitats suspendidos en el aire a partir de la energía contenida en el agua.
En los años sesenta, en un contexto global marcado por la carrera espacial y de forma contemporánea al viaje del hombre a la Luna, Kosice llevó los planos y maquetas de este mismo proyecto a la NASA, gracias a la intermediación de un amigo. Los científicos le contestaron que era una idea viable y que había que esperar nuevos avances tecnológicos para poder construirlos.
Una vez más, el artista de Almagro se había adelantado a debates contemporáneos como los viajes a Marte o las seasteading (ciudades en océanos).

Un Clemente hidrocinético

Las décadas siguientes, el artista construyó monumentos para varias ciudades, entre ellas la propia Buenos Aires: el homenaje a la democracia en Cerrito y Santa Fe y la escultura frente a la Fundación Favaloro, médico con el que tuvo trato cordial.
Ya entrado el nuevo milenio, Kosice quiso reformar su taller y abrir un museo. Para costearlo, vendió la mayor parte de las maquetas originales de la “Ciudad Hidroespacial” al Museum of Fine Arts de Houston.
A la par, se consolidó el Archivo Diyi Laan, que atesora miles de documentos recolectados por su esposa, compañera y también artista del grupo Madí.
Este archivo resguarda información específica y también piezas entrañables de la cultura popular local, como dibujos y caricaturas de grandes del humor gráfico argentino como Herme-negildo Sábat, Oski y Caloi que dedicaron al trabajo de Kosice. Entre ellos sobresale un dibujo inédito donde Clemente aparece posicionado en el centro de una fuente ornamental tirando chorros de agua por los ojos, un tierno homenaje que demuestra el enorme afecto y reconocimiento que los grandes creadores del país le tenían al maestro.

La veta popular

“Él supo también cómo hacer lobby para hacer circular sus piezas y sus obras. No aparece ese juego de lo binario de decir ‘no, si soy artista yo no negocio con estas cosas’, sino que el arte es para todos, tiene que ver con lo comunitario en ese sentido”, reflexiona Florencia.
El caso más tangible son las tapas de la icónica revista Radiolandia 2000 con divas perpetuas como Susana Giménez y Mirtha Legrand luciendo joyas de Kosice hechas en plexiglás. Él había montado un comercio en Recoleta y desde allí popularizó las joyas, las que le permitieron costear investigaciones y obras.
Se trata de un perfil popular que resuena en la institución de la calle Humahuaca. “Que cualquier persona puede venir al museo o se puede acercar al arte, no queda en algo elitista”, dijo Florencia.

Un justo reconocimiento, un trabajo hasta el final

A lo largo de su carrera, Kosice cosechó distinciones de enorme prestigio, como el Premio Di Tella (1962), el Konex de Platino (1982), el grado de Caballero de las Artes y las Letras de Francia (1989), y fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires en 1997. Sus obras llegaron al Centro Pompidou de París —que en 2013 inauguró una sala permanente dedicada a su trabajo— y el documental Kosice Hidroespacial (2016) de Gabriel Saie terminó por consagrar su historia en la pantalla grande.
El artista falleció en 2016 a los 92 años, más de una década después de abrir el museo de Almagro. Trabajó hasta el final. “Impacta mucho la longevidad de él y el trabajo de artista, que encima no es que seguía haciendo lo mismo, sino que él seguía experimentando con artes digitales, como que iba muy a la vanguardia con las propuestas de los dispositivos”, detalla Florencia sobre el rigor intelectual del creador.
El Museo Kosice, declarado de Interés Cultural por la Legislatura Porteña, continúa bajo la gestión de la fundación a cargo de sus descendientes, junto a un grupo especializado en conservación y divulgación.
Tras la puerta de Humahuaca 4662, está la invitación a explorar un universo de vanguardia, manteniendo vivas sus luces de neón y el rumor del agua para todo aquel que quiera viajar al futuro desde Almagro.

J.M.C.


Visitas:

Las visitas se suben mes a mes y se anuncian por las redes del museo y página web. El costo actual es de $15.000 (general) y $10.000 con descuento para jubilados, docentes, estudiantes y personas con CUD. Para escuelas públicas el valor es de $7.000 y $10.500 para privadas, con el cupo máximo de 35 personas (se reservan por la pagina). Por el momento, los recorridos son con visitas guiadas programadas. Puede venir gente en ese horario sin hacer el recorrido y pueden usar una audioguia.

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