La muerte del Indio Solari impactó fuerte. Como si fuera poco a mí se me pegó al día de conmemoración de mi madre que desencarnó hace unos pocos años. Así que van varios días de reflexión e introspección fuertes con muchos recuerdos y pensamientos sobre decisiones tomadas y momentos vividos. A todo eso hay que agregar que el otoño ya de por sí nos acerca de modo natural hacia la introspección.
Sin embargo, y mezclando los sentimientos, surgieron -como contagiados por la rebeldía y la lucidez intelectual del Indio- sentimientos encontrados, alegrías y abrazos solidarios. La “peligrosa plebe ricotera” demostró no ser la protagonista de las desgracias al juntarse sino que éstas son claramente el fruto de quienes pretenden velar por la paz. Walter Bulacio daría fe de eso desde el cielo. Hubo un pueblo organizado, un sector de la política que en lugar de reprimir respaldó para que se pueda organizar uno de los más grandes velatorios de nuestra historia. Por multitud al nivel de los de Evita, Perón, Gardel, Kirchner y Maradona.
Me gusta mucho Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, así como también el Indio con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Si bien hace añares que no me gustan las grandes concentraciones humanas he ido a varios recitales en mi juventud. Y aunque los Redondos eran de mis bandas nacionales favoritas, tal vez con Sumo, Charly García y en aquella época recuerdo con alegría también escuchar bastante a Fito Páez, he visto a varios de éstos -e incluso quedé sordo como una semana por estar al lado de los parlantes en un recital de La Renga- nunca se me dio ir a un recital de ellos. Aunque quise nunca se dio. Sin embargo, escuché mucho a los Redondos y me siguen gustando. Me llega la voz del Indio, sus metafóricos textos donde siempre queda alguna interpretación pendiente y ese ritmo inconfundible, como derrochando energía.
El punto es que desde que se fue el Indio no dejan de resonar sus temas en mi cabeza. Los temas cambian, pero todo el tiempo, o casi todo el tiempo, están. Es algo llamativo, como si resonase un inconsciente colectivo en mi cerebro. No me quejo, me gusta, me ayuda a transitar estas épocas de días grises. Donde por momentos parecieran haberse roto modelos de comportamiento y donde los valores están invertidos. Donde hay quienes presentan como lícito dañar a otros y donde la solidaridad, para ésos, pareciera mala palabra. Y ahí el Indio despeja con su voz. Reacomoda todo. Las cosas vuelven a su lugar dejando al descubierto la psicopatía ajena y el amor en quien esté dispuesto a vivirlo y compartirlo.
Siento el amor y los buenos valores como una pequeña antorcha (parafraseando a Eduardo Galeano) que cargo y que también cargan muchos otros, y unos cuantos seguro más justos que yo, con antorchas mucho más luminosas. Claro que de tanta antorcha se puede armar una flor de hoguera, sin embargo, si cuidamos los fueguitos podemos también iluminar el entorno y entre todos aportar para reacomodar las cosas… Por el bien de todos.
Rafael Sabini
* Del tema “Juguetes perdidos” de los Redondos
Foto de tapa: Mural del Indio realizado de modo colectivo sobre la calle durante su velorio en Avellaneda. Foto cortesía de Nicolás Hernández que tomó para El Grito del Sur.