Ángel Gallardo: biólogo, naturalista, educador, canciller, diplomático, rector de la Universidad de Buenos Aires. Esta es la historia de un hombre que colmó con hechos la realidad argentina a fines del siglo XIX y principios del XX. En este artículo se reconstruye parte de su biografía a partir de sus “Memorias”, anotaciones someras pero muy precisas que Ángel Gallardo realizó durante el curso de su vida.
Ángel Gallardo nació el 19 de noviembre de 1867 en una casa de la calle Corrientes, entre Florida y Maipú, en la cual vivió hasta cumplir los seis años. En sus “Memorias”, se refiere a su madre, Angela Lebrero, como la persona que le enseñó a leer y recuerda a su padre, León Gallardo, como a un hombre divertido a quien asediaba con preguntas sobre los progresos que había experimentado la ciudad. Las novelas de Julio Verne contribuyeron a que Ángel Gallardo estudiase ingeniería, una vez culminados sus estudios en el Nacional Buenos Aires, dado el “papel simpático e importante que en ellas desempañaban los ingenieros”. Ya recibido de ingeniero civil y doctor en ciencias naturales, prosiguió sus estudios en París, donde concibió y elaboró una notable interpretación dinámica de la división celular, Ángel Gallardo, de acuerdo a lo que él mismo relata en sus “Memorias”, comenzó sus estudios científicos cuando sólo tenía seis años leyendo -hasta aprender de memoria- “Las metamorfosis de los insectos”, de Maurice Girard, y la “Historia de las hormigas”, de Huber.
“Cuando regresaba del colegio observaba las hormigas en el fondo de la calle Florida, donde colocaba una alfombra y me extendía para verlas más de cerca, mientras comía bizcochos de panadería y naranjas, de las cuales participaban también las hormigas. En estas observaciones comprobé que en ciertos nidos había, además de las obreras, otras formas cabezonas (soldados de Pheidole), de las cuales no decían nada los libros, que sólo mencionaban dos castas aladas y las obreras. Este descubrimiento me demostró que los europeos no sabían nada de nuestras hormigas y me propuse estudiarlas algún día y escribir un libro que revelara estas novedades. En las plantas del fondo buscaba orugas que criaba en cajas de vidrios hasta obtener las mariposas”.
Este afán de Ángel Gallardo por indagar en el comportamiento de los insectos fue sólo el inicio de una brillante carrera que lo convirtió en director del Museo Argentino de Ciencias Naturales desde 1912 hasta 1916. “La primera impresión de mi vida escolar fue tristísima. Me pasaba el día llorando disimuladamente y anhelaba que vinieran a buscarme para regresar a casa. Después fui tomando más interés a la vida escolar. Allí las maestras tenían mejor voluntad que ciencia y carecían por completo de método pedagógico”. Así, Ángel Gallardo describe en sus “Memorias” su experiencia en el Colegio de las Señoritas de Quade, ubicado en la esquina de Esmeralda y Córdoba, al cual ingresó en 1874.
A través de sus “Memorias”, Ángel Gallardo deja percibir una personalidad sensible y a la vez severa como Juan Pedro Esnaola, su tío abuelo. Ángel Gallardo lo menciona con devoción en sus escritos; quizás porque fue la primera muerta que conoció de cerca, cuando tenía 11 años.
Graciela Godoy de Sadorin
Licenciada en Química (UBA), CONICET
Master Comunicación Científica, Médica y Ambiental UP-FARMA, Barcelona
Foto de arriba: Edificio del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, principal museo de ciencias naturales de la República Argentina, ubicado dentro del Parque Centenario.