Pasar por un momento difícil es algo común y uno puede, en principio, elegir si se siente abatido y criticar todo culpando el afuera, o si en cambio busca aprender algo de la situación haciéndose cargo de lo que pueda, con intención de cambiar el futuro inminente. Porque como bien explica el tao con el yin yang: en todo lo negativo hay algo de positivo y en todo lo positivo hay algo negativo. Así siempre los opuestos contienen algo del otro.
Rescatemos lo bueno que esté sucediendo hoy en día y tengamos en claro hacia adonde queremos ir a futuro. Deberíamos intentar ser intachables, coherentes y sabios en nuestro pensar, nuestras palabras y nuestro accionar (aunque no estemos en la mira, como “los políticos que no resisten el archivo”) para así vivir una vida mejor mientras aportamos a una mejor familia, un mejor barrio, una mejor ciudad, un mejor país y un mejor mundo.
Si lográramos cultivar la gratitud y el contento rescatando lo positivo en nuestra situación la vida nos sonreirá más y de ese modo nosotros le sonreiremos más a otros.
Eso nos lleva a tener en claro principios que son como guardarraíl de una autopista, nos mantienen alineados, nos cuidan. Sin duda, los primeros fueron inculcados por nuestros padres, por nuestra familia y pronto se sumaron los de la escuela, la religión y las diferentes prácticas que hayamos llevado a cabo. Los principios suelen incluir el buen comportamiento con cortesía y benevolencia buscando siempre ser justos aunque sin andar juzgando a otros (“quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”).
Los principios suelen presentar hábitos que no dañen a otros: no matar ni ser cómplice de matanzas, daños o violaciones. Tampoco robar, incluso aunque nuestra pequeña mente considere injusta la pertenencia ajena, se sigue para evitar la envidia y la codicia propias. Estas con cuestiones bastante básicas para el ser humano. Pero es aconsejable siempre volver a autoevaluarnos porque hay tendencias que nos distraen y mucha confusión en la vida cotidiana de una gran ciudad.
Vengo notado que muchas veces andamos tan embutidos en nuestros problemas, o en nuestros celulares, que hasta rozándonos olvidamos darle una mano al otro. Se puede observar eso muchas veces en el transporte público donde los más vulnerables también son nuestra responsabilidad. Me refiero simplemente a activar la buena educación: ayudar a un anciano a cruzar la calle, a abordar o bajar un colectivo o, de ser necesario, ordenarle en voz bien alta al chofer que se detenga.
En definitiva, buscar estar bien implica hacer el bien a otros y para eso debemos buscar rescatar la cara positiva de la moneda, ese es el rostro más humano.

Rafael Sabini

También te puede interesar