Una esquina con historia que aguarda por tiempos mejores. Frente al histórico mercado, el cruce del Pasaje Carlos Gardel y Anchorena se muestra entre puertas cerradas, escombros y hasta daños en el monumento al Morocho del Abasto.

Tres cuestiones asoman a simple vista: el cierre del histórico Chanta Cuatro, sin novedades sobre la reapertura de este centenario inmueble que en su última vida alojó un restaurante tanguero orientado al turismo y los espectáculos en vivo; el monumento a Gardel que presenta roturas y pintadas en su pedestal; la ausencia de las estatuas del paseo del tango, las cuales se removieron en 2019 por hechos de vandalismo y jamás fueron repuestas. Apenas quedan piedras de lo que fueron sus pedestales. Es curioso porque hay, a esta altura, vecinos que jamás llegaron a disfrutar de este recorrido cultural y patrimonial.
En el presente, el pasaje se extiende por una cuadra y son unos 100 metros de contrastes, como la ciudad misma: hay edificios contemporáneos con bares concurridos en su planta baja a la vez que se ven cartelones que cercan terrenos todavía baldíos. Sobrevivieron unas cuantas edificaciones centenarias que suman al paisaje local.
Tiempo atrás, las autoridades instalaron macetones y bolardos para evitar que el pasaje se convirtiera en un garage a cielo abierto. En el presente el objetivo se logra a medias. Más que los autos, hoy sobresalen las bicicletas y motos de repartidores que antes trabajaban y aguardaban en los recovecos de las escaleras del centro comercial.
El movimiento es intenso en esta esquina, pero eso no tapa lo evidente: es un lugar clave del Abasto que podría estar mejor, más allá de que son varios los factores los que intervienen.
Una postal sirve para ilustrar lo que ocurre: una tarde cualquiera, una guía de turismo llevó a su contingente por el pasaje y les mostró los filetes porteños de una de las esquinas, donde antes hubo una tienda de regionales y ahora hay un kiosco. Las pinturas tienen más de dos décadas y el material está descascarado. Pese al deterioro, la mujer hablaba de la historia del Abasto como un mercado de frutas y verduras en el siglo pasado y cómo se entrelazó con el tango gracias a la figura de Gardel. Los presentes asentían y miraban como si los filetes estuvieran recién pintados.
Por esa sensación es que esta esquina del Abasto puede llevar el nombre “del mientras tanto”, un concepto conocido por la comunidad, la misma que lo acuñó tiempo atrás.
Como contamos en varias ocasiones, a comienzos de este siglo vecinos recuperaron terrenos ferroviarios y los bautizaron como Plaza del Mientras Tanto —la actual Plaza Fumarola, en Perón entre Anchorena y Jean Jaurés— para visibilizar la necesidad de un espacio verde permanente. Esa lucha colectiva fue un paso clave para que más tarde se concretara el Parque de la Estación en Gallo y Perón.
Hoy, esa historia de transformación, creatividad e iniciativa vecinal inspira la mirada sobre Gardel y Anchorena, una esquina que parece, otra vez, suspendida entre lo que fue y lo que puede ser, a la espera de momentos más brillantes.

J.M.C.

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