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Una lección sobre el Abasto, por Federico Poore

Análisis de las últimas décadas.

El periodista especializado en temas urbanos Federico Poore, en un texto publicado en el newsletter del Bar Notable Roma del Abasto (San Luis y Anchorena) elaborado por la periodista Agustina Larrea, repasa la historia reciente del Abasto y plantea una mirada crítica sobre el proceso de “renovación” que transformó al antiguo mercado en uno de los shoppings más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires, sin lograr —según sostiene— un impacto positivo real en el barrio que lo rodea.

Federico Poore es periodista especializado en temas urbanos. Es magíster en Economía Urbana y licenciado en Ciencias de la Comunicación. Escribe el newsletter sobre urbanismo Una calle me separa, en Cenital. Es uno de los autores del libro Urbanofilia (El Gato y La Caja, 2025).

“A diferencia de otros casos que pueden leerse como símbolos de la renovación social del barrio, como el Parque de la Estación, el éxito (comercial) del Shopping Abasto no supuso un efecto derrame. Una lección urbanística que aún aguarda ser aprendida”, dice el autor. Se refiere al parque de Gallo y Perón construido tras dos décadas de lucha vecinal.

Poore reconstruye el derrotero del Abasto desde fines de la década del setenta, cuando la última dictadura proyectaba la salida de los mercados de frescos de la Capital y el predio quedó amenazado por la demolición. En aquel contexto surgieron propuestas alternativas, como la de un grupo de arquitectos de la Universidad de La Plata que imaginaban un complejo cultural y comercial de escala barrial, o la advertencia del artista Antonio Berni sobre el valor patrimonial del mercado y la necesidad de convertirlo en un gran centro cultural.

Tras el cierre definitivo del mercado en 1984, ya en democracia, distintos proyectos intentaron redefinir el destino del edificio. Uno de ellos fue impulsado por la cooperativa El Hogar Obrero, que proponía un centro comercial y cultural con supermercado y viviendas. Sin embargo, la crisis financiera y la quiebra de la cooperativa dejaron el camino allanado para la venta del predio a IRSA, el grupo inversor que finalmente concretó el actual Shopping Abasto.

La inauguración, en 1998, estuvo rodeada de entusiasmo mediático y de promesas oficiales: plazas públicas, pasajes peatonales, integración con el barrio y una transformación urbana que se irradiaría a las calles aledañas. Pero, según Poore, gran parte de esos compromisos nunca se cumplieron. La peatonalización proyectada quedó trunca, la Plaza del Zorzal pasó a ser un espacio semi privado y el desarrollo inmobiliario priorizó torres de gran altura y un hipermercado, sin viviendas de interés social ni mejoras sustantivas para el entorno inmediato.

A más de dos décadas de aquella inauguración, el balance resulta deslucido. El autor remarca que el shopping no logró reactivar el barrio ni generar un proceso de gentrificación: los valores de alquiler continúan por debajo del promedio de la Ciudad y persisten problemas estructurales en el tejido urbano. Arquitectos y urbanistas citados en el texto advierten sobre la falta de permeabilidad del conjunto, los extensos paredones, la ruptura de la trama urbana y la pérdida de espacios públicos reales.

Poore sostiene que el modelo del shopping, propio de los años noventa, consolidó una ciudad pensada hacia adentro, orientada al consumo y con escaso diálogo con el espacio público. La seguridad, la iluminación y la actividad se concentran puertas adentro, mientras que hacia afuera predominan muros ciegos, rejas y calles hostiles para el peatón. Incluso los conflictos con jóvenes que buscaban reunirse en el lugar expusieron los límites de estos espacios “semi públicos”.

Para el periodista, el caso del Abasto sintetiza una forma de hacer ciudad donde el Estado actúa como facilitador de negocios y el disfrute urbano queda reducido al consumo en ámbitos controlados, sin integrar a las comunidades inmigrantes, los espacios culturales independientes ni la historia viva del barrio. A diferencia de otras experiencias recientes, como el Parque de la Estación, el éxito comercial del Shopping Abasto no se tradujo en un beneficio colectivo.

La conclusión es clara: el Abasto ofrece una lección urbanística aún pendiente. Renovar no siempre significa integrar, y el desarrollo económico, si no dialoga con el espacio público y la vida barrial, difícilmente pueda transformar de manera positiva la ciudad que lo rodea.

J.C.

Foto: edición gráfica de octubre de 2024 a 40 años del cierre del Mercado de Abasto

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