Según la Real Academia Española “apocalipsis” significa “Fin del mundo” o “Situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de la destrucción total.” Sin embargo, el origen de esa palabra proveniente del griego, significa “revelar” o “quitar el velo”. En otras palabras, mostrar algo que estaba oculto. En definitiva, lo que plantea es un cambio de era donde vendrá lo que cultivemos hoy.
Y la realidad es que desde ya hace tiempo -aunque ahora con cada vez mayor intensidad- nos vamos enterando de cosas que hasta el momento eran exclusivas de ficciones y/o “teorías conspiranoicas”. En otras palabras, parece que es cierto que “la verdad siempre sale a la luz”.
Según el Nuevo Testamento en el Apocalipsis vienen los Cuatro Jinetes que simbólicamente representan la conquista mental (el engaño), la guerra, el hambre y la muerte. Si profundizamos en las escrituras veremos que junto con los síntomas de las guerras y conflictos internacionales habrá mayor frecuencia e intensidad de catástrofes naturales. También escribieron que habrá más hambre y pandemias en coincidencia con el tercer jinete. Y por último, con señales cósmicas vendrá el caos moral: la pérdida de valores.
Tanto para el cristianismo como desde una mirada oriental, por ejemplo, el hinduismo con su era de Kali Yuga (de la que queda bastante) el colapso no empieza por la naturaleza, sino por descuidar el corazón humano. De tal modo, desde la interpretación que se quiera las crisis externas, los desastres, son reflejo de la crisis interna, de la pérdida de valores.
Así que ante todo lo que está sucediendo las escrituras recomiendan estar centrados, siendo fieles a nuestra esencia, fieles a los valores éticos, haciendo lo correcto. Para que se imponga el bien debemos cultivarlo.
Claro que es importante, y hasta entretenido, abrir los ojos y buscar entender lo mejor posible cómo funciona el mundo, sin embargo, ni siquiera sabemos con fe cierta hasta dónde se nos permite conocer la verdad.
Hay cosas que moralmente todos sabemos que están mal (como matar, robar, violar, mentir, engañar y cometer excesos de cualquier tipo). Están mal porque dañan a otros y en definitiva todos estamos interconectados. Pero así también egoístamente nos hacen mal a nosotros mismos por la ley universal de causa y efecto, donde todo vuelve.
Como nadie es perfecto es que tenemos la opción del arrepentimiento. Si hemos obrado mal, tenemos la posibilidad de arrepentirnos, pedir perdón y también disculparnos con nuestro ser interno para no volver a cometer ese error.
Nuestro verdadero poder reside en decidir cómo interpretar lo que entendemos que sucede y actuar en consecuencia con convicción y amor.
Rafael Sabini