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Reapertura de la Estación Loria de la Línea A, en Almagro: removieron murales inaugurados en 2016 y modificaron mobiliario

Rivadavia y Loria.

La reciente reapertura de la estación Loria de la Línea A de subtes, en el límite de Almagro y Balvanera, producida este lunes luego de obras iniciadas en octubre, generó una fuerte controversia entre usuarios, especialistas y defensores del patrimonio urbano. Si bien el Gobierno porteño destacó las mejoras realizadas en el marco de las obras de puesta en valor, surgieron cuestionamientos por la eliminación de murales inaugurados hace 10 años y la modificación del mobiliario de los andenes, lo que reavivó el debate sobre los criterios de intervención en estaciones históricas.

Los murales fueron hechos hace casi una década (julio de 2016) por la artista Yanina Fernández. El Gobierno porteño había informado en ese entonces sobre la incorporación pictórica: “La obra, ubicada en las paredes de andén fue realizada con la técnica de pintura digital y de esta manera logra las mismas pinceladas que en un lienzo pero al ser digital es posible plasmarlo en cualquier soporte. En la intervención podés descubrir imágenes de espacios abiertos, cortados de estación y túneles, expuestos así con la intención de reflejar, los diferentes niveles que se encuentran en el subte y que a simple vista no se ven”.

La estación Loria permaneció cerrada durante varias semanas por reformas edilicias incluidas en el Plan de Renovación Integral de Estaciones de Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), un esquema similar al aplicado recientemente en otras paradas de la red, como la estación Carlos Gardel de la Línea B, en la zona del Abasto.

Reapertura y anuncios oficiales

La estación Loria reabrió al público el lunes 12 de enero, luego de los trabajos realizados. El ministro de Infraestructura y Movilidad porteño, Pablo Bereciartua, destacó que las obras incluyeron la instalación de iluminación LED, nueva señalética con sistema Braille, tareas de impermeabilización, renovación de pisos, pintura general y mejoras en accesibilidad, además de la actualización del equipamiento.

El eje de la crítica: murales y mobiliario

Las críticas comenzaron a circular en redes sociales a partir de imágenes comparativas del “antes y después” difundidas por usuarios y especialistas en diseño. Según las denuncias, durante las obras se eliminaron murales que formaban parte de la identidad visual de la estación, consigna Noticias Argentinas.

En cuanto al mobiliario, el señalamiento no apunta a la remoción de bancos históricos, sino a que se retiró el mobiliario moderno previamente existente en los andenes y fue reemplazado exclusivamente por apoyos isquiáticos, reduciendo las posibilidades de asiento para los pasajeros. Para quienes cuestionaron la intervención, este cambio implicó una pérdida en términos de confort y diseño, además de afectar la experiencia de uso cotidiana.

El contraste con la estación Carlos Gardel

La polémica por Loria se da en contraste con lo ocurrido en la estación Carlos Gardel de la Línea B, donde la puesta en valor incluyó un extenso y cuidadoso trabajo de conservación y restauración de murales, con el objetivo de preservar su valor artístico y patrimonial. Tal como informó Revista El Abasto, esa intervención fue presentada como la consolidación de un “museo subterráneo”, con especial atención al patrimonio cultural del espacio.

Esta diferencia en los criterios de intervención volvió a poner en agenda la discusión sobre cómo compatibilizar la modernización del subte con la preservación del patrimonio urbano, especialmente en líneas históricas como la A, la más antigua de Latinoamérica.

Debate abierto

Aunque la estación Loria ya se encuentra operativa, el debate continúa abierto entre usuarios, colectivos culturales y especialistas, que reclaman mayor cuidado en las decisiones estéticas y funcionales dentro de una red de transporte que forma parte de la identidad histórica de la Ciudad de Buenos Aires.

J.C.

Foto: NA-GCBA

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