“Todos los días hacemos lo mismo, defender las culturas, las tradiciones y todo lo que tenga que ver con la actividad social de los porteños”, resalta Eduardo Scofu, al frente del Bar Notable El Símbolo, ubicado en Corrientes, casi esquina Bulnes. “Un lugar que es parte de Almagro y Abasto. Levantamos la persiana todos los días con pasión”, agrega sobre este espacio que va camino a los 70 años de existencia.

En medio de la vorágine de la avenida, el cafetín con historia se abre como un espacio de contención, un sitio ameno, un soplo fresco. Por dentro reina la calma, luces suaves y paisaje donde predomina el color madera; un espacio ideal para el encuentro. “Se crean nuevos vínculos, lazos de amistad, este es un lugar acogedor”, resalta Eduardo.
“Todos somos El Símbolo, el equipo de trabajo, los clientes, quienes están adelante y detrás del mostrador”, resalta sobre el clima de comunidad que se respira aquí.
Como buen espacio con mística, en el bar se pueden hallar placas y reconocimientos de vecinos e instituciones, desde las que celebran su fundación en 1954 a las que aluden a su condición de Bar Notable.
Contribuye a la leyenda oral haber tenido sentados como clientes a vecinos e íconos populares, como Osvaldo Pugliese (vivía en frente, Corrientes y Mario Bravo) o Luca Prodan, el Pelado del Abasto que residía en Gallo y Humahuaca.
No obstante, a El Símbolo lo hacen grande las cosas de todos los días: las charlas a ambos lados del mostrador mientras se hojea el diario y se enfría el café, las risas y miradas cómplices, la compañía buena mientras allá afuera todo torna caótico.
“Somos representativos de una comunidad, nos avalan casi 70 años de historia. Las últimas siete décadas de Argentina pasaron acá adentro, de golpes militares, cambio de monedas, saqueos, cinco presidentes en dos semanas. Todo y El Símbolo sigue acá, nos mantenemos hidalgos”, resalta Eduardo.
En este tiempo, cambió el país y cambió el barrio. “Vivimos el momento en que desguazaron el Mercado de Abasto. Todo cambió en los alrededores. Las pensiones y hoteles cerraron y al tiempo empezaron a construir edificios. Cambió el biotipo del habitante, cambiaron las costumbres”.
Pese a todo, incluso el bombazo de la pandemia, El Símbolo hace frente y sigue de puertas abiertas, con su espíritu acogedor.
“El equipo del bar es el mismo de hace 30 años. Levantamos la cortina todos los días con la misma pasión que tuvieron nuestros antecesores. Este bar continúa más allá de los que hoy estamos ejerciendo la actividad económica”.
“Este bar es un referente cultural y un espacio fundamental para la ciudad. Es un disfrute estar acá y queremos que esto nos suceda a nosotros, que haya Símbolo por siempre”, concluye Eduardo.

J.M.C.

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