El Teatro Picadero, ubicado en el Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, en Balvanera, podría ser declarado Sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. La propuesta busca reconocer el valor histórico, patrimonial y cultural de una sala que ocupa un lugar destacado en la historia del teatro argentino y que, además, fue escenario de uno de los principales episodios de resistencia cultural frente a la última dictadura militar.
El proyecto de resolución lleva el expediente 2747-D-2026 y fue presentado el 8 de septiembre por la legisladora Manuela Thourte, junto a los coautores Emmanuel Ferrario, Juan Pablo Modarelli, Claudia Neira y Guadalupe Tagliaferri.
La iniciativa establece en su primer artículo que la Legislatura declare Sitio de Interés Cultural al Teatro Picadero y dispone la colocación de una placa de mármol en el edificio con una leyenda que indique su reconocimiento por parte del Parlamento porteño durante 2026.
Un lugar central para la historia cultural
Entre los fundamentos del proyecto se destaca que el Picadero es parte inseparable de la historia cultural y política argentina. El edificio se encuentra sobre el Pasaje Enrique Santos Discépolo, una calle emblemática de la Ciudad vinculada con la identidad histórica de Balvanera.
Uno de los principales motivos de la propuesta es el papel que tuvo el teatro en 1981, durante la dictadura militar. Ese año nació allí Teatro Abierto, un movimiento integrado por dramaturgos, actores, directores y técnicos que buscó responder desde el ámbito artístico a la censura y al clima de silencio impuesto por el régimen.
El ciclo reunió a importantes figuras de la dramaturgia argentina y se convirtió en una expresión colectiva de resistencia cultural.
La respuesta de la dictadura no tardó en llegar. Durante la madrugada del 6 de agosto de 1981, el Teatro Picadero fue atacado e incendiado. La sala quedó completamente destruida, mientras que la fachada fue la única parte del edificio que logró sobrevivir al incendio.
Para los autores del proyecto, ese episodio convirtió al Picadero en un testimonio material de la dictadura, pero también en un símbolo de la resistencia cultural. Teatro Abierto continuó desarrollándose posteriormente en otras salas y se convirtió en uno de los movimientos fundamentales de la historia reciente del teatro argentino.
Por el Picadero pasaron grandes autores
Los fundamentos también recuerdan que por el escenario del Picadero pasaron algunos de los principales autores de la dramaturgia nacional. Entre ellos se encuentran Roberto “Tito” Cossa, Griselda Gambaro, Carlos Gorostiza, Eduardo Pavlovsky y Aída Bortnik, quienes estrenaron allí sus obras.
La historia del edificio, sin embargo, estuvo marcada durante años por el deterioro. Luego del incendio de 1981, el teatro permaneció durante aproximadamente tres décadas prácticamente en ruinas.
A fines de 2007, además, el inmueble estuvo cerca de ser demolido para dar lugar a un complejo de viviendas. La movilización de la comunidad teatral y cultural, junto con un amparo judicial y una ley sancionada posteriormente por la Legislatura, permitió frenar el proyecto.
En 2008, el Parlamento porteño declaró al inmueble sitio histórico y posibilitó su incorporación al patrimonio cultural de la Ciudad.
La recuperación y reapertura
El proceso de recuperación comenzó algunos años después. En 2011, Sebastián Blutrach adquirió el edificio e inició un proyecto de restauración y puesta en valor que mantuvo la fachada histórica y reconstruyó el interior para adaptarlo a las necesidades de una sala teatral contemporánea.
El Teatro Picadero volvió a abrir sus puertas el 22 de mayo de 2012, con una capacidad de 290 localidades. Desde entonces, Blutrach se desempeña como director de la sala.
A partir de su reapertura, el espacio mantiene una actividad teatral continua y desarrolló una identidad propia dentro de la escena porteña. Su programación incorpora teatro de texto, música en vivo y propuestas de diferentes formatos y procedencias.
Según los fundamentos de la iniciativa, el modelo de multiprogramación del Picadero también permitió generar cruces entre los circuitos comercial, independiente y público, facilitando la circulación de obras y artistas entre diferentes sectores de la actividad teatral.
Teatro, producción y vínculo internacional
El proyecto también pone en valor la dimensión productiva del teatro. La sala realizó coproducciones con distintas regiones de Latinoamérica y mantiene vínculos con España para el desarrollo de proyectos escénicos conjuntos.
Además de las funciones teatrales, el espacio alberga propuestas experimentales y actividades gastronómicas, y funciona como punto de encuentro para artistas, productores y públicos diversos.
A esto se suma la actividad de la Fundación Teatro Picadero, una entidad sin fines de lucro que funciona como espacio de análisis, debate y elaboración de propuestas vinculadas con el desarrollo y la evolución de la cultura argentina.
De esta manera, los autores de la iniciativa plantean que el Picadero no solo conserva una relación directa con la memoria cultural y política de Buenos Aires, sino que continúa participando activamente de la producción escénica contemporánea.
Un reconocimiento a su historia y a su presente
La declaración propuesta por la Legislatura apunta, de acuerdo con los fundamentos, a reconocer las distintas etapas que atravesó el edificio: desde su papel como escenario de Teatro Abierto y víctima del atentado durante la dictadura, pasando por décadas de abandono y el riesgo de demolición, hasta su recuperación y reapertura como una sala activa de la escena porteña.
La iniciativa sostiene que declarar al Teatro Picadero como Sitio de Interés Cultural no implicaría solamente homenajear su pasado como espacio de defensa de la libertad de expresión frente a la censura, sino también reconocer el papel que actualmente desempeña en la vida cultural de la Ciudad.
El proyecto deberá ahora continuar su tratamiento legislativo. En caso de avanzar, el reconocimiento quedaría acompañado por la colocación de una placa en el histórico edificio de Balvanera, como testimonio de su lugar en la historia cultural de Buenos Aires.
J.C.
Foto: archivo