La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó el Despacho 0258-26, que autoriza al Poder Ejecutivo a contraer operaciones de crédito público por un monto de hasta USD 1.350.000.000 destinados de forma exclusiva a la ingeniería, construcción y equipamiento de la esperada Línea F de subterráneos.
En paralelo, días atrás la apertura de sobres se había aplazado por segunda vez y se pasó para el 10 de septiembre.
La Línea F tendrá una extensión de 9,8 kilómetros, unirá el norte y el sur de la Capital en sentido transversal y permitirá combinar con las seis líneas de subte existentes. Según los estudios técnicos adjuntos al despacho, se convertirá en la traza de mayor demanda de toda la red, proyectando un caudal diario de entre 235.000 y 392.000 pasajeros, lo que obligará a una reconfiguración masiva del transporte en superficie y fuertes transformaciones en las comunas céntricas.
Las claves del endeudamiento: bonos, créditos internacionales y garantías
Para financiar una obra de esta magnitud sin asfixiar el presupuesto corriente de la Ciudad, la ley faculta al Ministerio de Hacienda y Finanzas a estructurar el financiamiento a largo plazo mediante dos vías principales:
Financiamiento multilateral y títulos públicos: El Ejecutivo podrá contraer empréstitos directos con organismos internacionales de crédito (como el BID, el Banco Mundial o la CAF), que ofrecen tasas de interés bajas y amplios plazos de gracia, o bien emitir bonos de deuda en el mercado internacional de capitales.
Garantía de pago: Como respaldo fundamental ante los inversores y entidades prestamistas para asegurar la continuidad de los desembolsos, la norma establece la afectación legal de los recursos correspondientes a la Ciudad por la Coparticipación Federal de Impuestos.
El impacto en la superficie: una línea por cada obra clave
Más allá de la ingeniería subterránea, los documentos oficiales del proyecto divulgados en marzo de este año (“Informe Inicial – Consideraciones Preliminares”) revelan que la construcción del subte modificará drásticamente el espacio público y patrimonial de Balvanera y San Cristóbal:
Estación Chile (San Cristóbal): Implica la expropiación completa del histórico Mercado San Cristóbal para transformarlo en el acceso a la estación y la nueva sede del Museo del Cine.
Estación Cochabamba (San Cristóbal): Conlleva la expropiación de tres parcelas linderas al bajo de la autopista para ampliar la Plaza Jáuregui, obligando a reubicar al Club Atlético Centro Juvenil y a un centro de jubilados.
Estación Corrientes (Balvanera): Determina la expropiación total de la ochava sureste de Callao y Corrientes para accesos masivos, afectando al local de la histórica disquería Zivals.
Estación Congreso (Balvanera): Reconfigurará la superficie recuperando el diseño original de Carlos Thays de 1910, eliminando giros de colectivos y sumando un centro cultural subterráneo.
J.C.
Foto: render del GCBA, Entre Ríos y el bajo de la AU 25 de Mayo