Enero permite a mucha gente tomarse unos días del trajín cotidiano para desconectar en ese hermoso ciclo que llamamos vacaciones. Algunos optan por irse en febrero y otros, muchas veces jubilados, hacen sus escapadas en marzo. Incluso están los que nunca logramos desconectar al ciento por ciento, pero, al menos en nuestro caso, sí cambiamos de entorno con la notebook en mano.

Las opciones son tantas como las personas, hay quienes eligen playa, baile y joda para luego dormir hasta las mil y quinientas y otros que optamos por entornos naturales para encontrarnos con nosotros mismos.
Sin embargo, ese desconectar de las exigencias cotidianas y el reconectar con la tierra -acá suma la arena de la playa tanto como los pies en el río- estamos de algún modo todos religándonos con la naturaleza que lo sostiene todo. Incluso si solo bajamos las horas de trabajo y disfrutamos parques de la ciudad.
Al bajar nuestras exigencias productivas y acercarnos a un entorno natural logramos reconocer lo magnánimo de la creación. Al punto tal que es como un yoga natural. Porque justamente todas esas posturas con la mente enfocada apuntan a religarnos con la creación. Y somos creación, al igual que los pájaros, los árboles y todos demás seres de este plano.
¿No es acaso hermoso observar el mecerse de los árboles? Así como lo es zambullirse en el mar… O meterse en un río, en especial luego de haberse cansado tras un largo paseo montañoso… No hay experiencia artificial que lo supere.
George Herbert propuso hace más de un siglo un método de entrenamiento que denominó “natural” cuya finalidad es que el cuerpo sirva tanto en el plano físico y mental pero también moral. Decía que había que ser fuerte para ser útil. Él cuestionó los modos modernos de entrenamiento por limitarnos y no estar enfocados en la utilidad. Por lo que si tiene la oportunidad de ir a un lugar natural pruebe esos desafíos que no suele hacer durante la rutina del año.
En mi caso personal suelo pasar por mucho entrenamiento durante el año y haciendo un descanso en enero no veía el modo de quedarme observando las locuras que vienen sucediendo en el mundo así que me he enfocando en otro tipo de trabajo físico: reemplacé albañiles y carpinteros para avanzar con cuestiones que venía postergando.
Espero que este 2026 tengamos las fuerzas para enderezar el rumbo de este mundo que por momento parece estar yéndose a la deriva. El cambio comienza por uno mismo. ¡Hasta la próxima!

Rafael Sabini

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