La historia del Abasto también puede leerse a través de sus edificios. Casas, comercios, talleres, depósitos y espacios culturales fueron ocupando construcciones de distintas épocas y adaptándolas a medida que cambiaban la actividad y la vida cotidiana de la zona.
La presencia del antiguo Mercado de Abasto marcó durante décadas el ritmo del entorno y dio lugar a actividades vinculadas con el comercio, el almacenamiento, el transporte y la llegada constante de trabajadores. Con el tiempo, muchos de esos usos desaparecieron o se transformaron, pero parte de las construcciones permaneció.
Esa variedad de inmuebles también influye al conocer el valor de una propiedad: una casa, un local, un PH o un galpón pueden tener características muy distintas aunque estén a pocas cuadras de distancia.
Un barrio moldeado alrededor del mercado
El Mercado de Abasto comenzó a funcionar a fines del siglo XIX y modificó profundamente una zona que entonces todavía estaba en proceso de urbanización.
A su alrededor fueron apareciendo fondas, hospedajes, conventillos, talleres, comercios y espacios de entretenimiento. El movimiento de mercaderías y personas no solamente convirtió al mercado en un centro económico: también contribuyó a darle al área una identidad propia.
El edificio actual se inauguró en 1934. Medio siglo más tarde, en 1984, el mercado cerró y la actividad mayorista se trasladó fuera de la Ciudad. La estructura permaneció sin ese uso hasta su reconversión como centro comercial, inaugurado en 1998.
Pero los cambios del Abasto no se limitaron a su edificio más emblemático.
Casas y talleres que encontraron otros usos
Desde la década de 1990, el crecimiento del circuito cultural independiente produjo nuevas formas de reutilización de inmuebles.
Casas, patios, sótanos, antiguos comercios, carpinterías, garajes e incluso construcciones industriales fueron adaptados como pequeños teatros y espacios de creación. En muchos casos, la arquitectura existente no desapareció: pasó a albergar una actividad diferente.
Todavía hoy pueden encontrarse ejemplos de esa capacidad de adaptación.
En Almagro, una antigua casa chorizo que fue taller del artista Gyula Kosice funciona como museo y conserva parte de su obra. También existen viviendas de la zona que abren sus ambientes y patios para ferias, encuentros y actividades culturales.
Estos casos muestran cómo construcciones pensadas originalmente para vivienda, comercio o trabajo pueden integrarse a nuevas etapas de la vida barrial.
De vivienda a espacio cultural
El cambio de uso no implica necesariamente reemplazar por completo una construcción.
Una vivienda puede convertirse en taller; un antiguo local puede alojar una actividad cultural; un espacio de trabajo puede transformarse en museo. La magnitud de la intervención depende de cada inmueble y de la actividad que pase a desarrollarse allí.
En el Abasto, esa convivencia resulta especialmente visible por la proximidad entre construcciones residenciales, comerciales y culturales.
Los edificios como parte de la memoria del barrio
El Abasto nunca estuvo definido por un único tipo de edificio ni por una sola actividad.
La etapa del gran mercado dejó una fuerte huella comercial y popular. Su cierre abrió otro período y, con el tiempo, teatros, centros culturales, museos y nuevos usos comenzaron a ocupar parte de un tejido construido que ya tenía décadas de historia.
Por eso, observar qué sucede dentro de las propiedades permite descubrir otra dimensión del barrio. No solamente cambian las actividades: también cambia la manera en que edificios construidos en otras épocas continúan formando parte de la vida cotidiana del Abasto.