Cuando Lito Nebbia, padre
del rock cantado en castellano,
para la gilada el papá
de La Balsa, escribió
entre otras cosas "Si
la historia la escriben
los que ganan eso quiere
decir que hay otra historia",
no se equivocó. Cuánta
verdad hay en esa frase
que pertenece al tema "Quien
quiera oír que oiga".
Si
hacemos memoria (algo que
muchos argentinos han perdido)
podemos llegar a recordar
cosas como éstas:
French y Beruti repartiendo
cintas celestes y blancas
a todos los patriotas que
se acercaron el 25 de mayo
de 1810 porque el pueblo
quería saber de qué
se trataba. ¿Esto
quiere decir que ya existía
la industria del merchandansing?
Si buscamos
las láminas de Billiken
y Anteojito podremos ver
al pueblo reunido frente
al Cabildo con paraguas.
¿Esto quiere decir
que además de los
vendedores de empanadas
ya estaban los buscavidas
merodeando la Plaza Mayor?
Con
estas dos preguntas que
le he hecho, el lector notará
que a pesar de mis cuarenta
pirulos sigo en la edad
de los por qué. En
cuarenta años sigo
pensando que Sarmiento como
buen alumno que fue nunca
faltó a clase y se
la pasaba estudiando junto
a doña Paula que
tejía y tejía
al lado del telar y la higuera.
¿Por eso seguimos
pensando que Sarmiento era
tan buen alumno e hijo ejemplar?
Cuando
Colón descubrió
América y gritó
Tierra a mí me vendieron
lo de las joyas, los espejitos
de colores y los reyes católicos.
Con los años descubrí
que no hay nada que festejar
ese día. Al contrario,
es el día de la muerte
de nuestros hermanos los
indios.
Viniendo
más en el tiempo,
¿quién no
recuerda cuando el general
Perón dijo que en
la Pirámide de Mayo
había un secreto
que se iba a develar en
el 2000? ¿Alguien
me puede develar esa historia?
Otros
de los momentos históricos
que recuerdo es cuando nos
recibimos de ilusos el día
que creímos en los
6 goles a Perú del
Mundial 78.
También
fue histórico el
día que muchos argentinos
(me gustaría encontrarlos)
vitorearon al choborra de
Galtieri y aplaudieron cuando
éste dijo: "Si
quieren venir, que vengan".
Esa noche los que se creían
derechos y humanos salieron
a festejar la muerte.
También
recuerdo: "mis queridos
descamisados", "la
casa está en orden",
"un médico a
la derecha" (¿por
qué no a la izquierda?),
"síganme, no
los voy a defraudar",
"no son 30.000 los
desaparecidos, son apenas
3000", "dicen
que soy aburrido",
entre tantas otras pelotudeces.
Creo
que la historia argentina
es nefasta. Los próceres
que nos vendieron desde
las láminas de Billiken
y Anteojito no fueron intachables
ni ejemplos de dignidad.
Es
hora que alguien diga que
ellos también ambicionaban
el poder. Ellos hacían
la guerra y mataban. Lástima
que no se mataban entre
ellos, siempre mandaban
al frente al pueblo, a los
indios y a los más
débiles. Lo hizo
San Martín, Belgrano,
Perón, los militares
y Bush. También lo
hicieron los que se creen
los salvadores de la recuperación
de la democracia y los que
piensan que si tenés
un familiar desaparecido,
por algo lo hicieron desaparecer.
Cuando
algunos argentinos putean
a las Madres de Plaza de
Mayo estoy seguro que lo
hacen porque a ellos no
les tocó. Si tuviesen
algún hijo desaparecido
estoy seguro que estarían
en la ronda de los jueves.
Todos
los hombres se equivocan,
nadie es perfecto y nadie
es y será más
que nadie para tener un
bronce y estar inmortalizado
en un busto por los siglos
de los siglos.
La
verdadera historia la podemos
dilucidar descubriéndola
nosotros de acuerdo con
nuestros razonamientos y
convicciones éticas.
Hay que escuchar todas las
campanas y no quedarse con
el zanguango de turno que
repite el eslogan que le
escribió un publicista.
Podemos
escribir muchos libros con
frases históricas,
nos seguirán vendiendo
buzones y algunos comprarán
utopías. Nuestra
Argentina (como dice la
canción de María
José Demare) está
rota. No por culpa de nosotros,
por culpa de los que nos
gobiernan desde que "somos
libres de verdad" (sic).
Si
en pleno 2005 se está
dudando que el hombre llegó
a la luna ¿por qué
no seguir dudando y desconfiando
de esa historia que dice
que cuando Adán le
mordió la manzana
a Eva se convirtió
en el primer pecador?
Marcelo H. Oliveri
Revista El Abasto, n°
71, noviembre 2005, Historia(s).