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Encuentro con Carlos Rezzónico, presidente honorario de la Junta de Estudios Históricos de Balvanera

Rezzónico y la historia de las quintas porteñas

Carlos Alberto Rezzónico forma parte de la junta de estudios históricos de Almagro y Balvanera, entre otras, y en esta entrevista nos cuenta con orgullo y mucho entusiasmo, cómo su historia fue encaminándose hasta finalmente desembocar en su más profunda vocación: la historia.
Nos recibió muy amablemente en su departamento en pleno Almagro, junto a su esposa, con café de por medio y en su escritorio rodeado de libros, planos y papeles con los que felizmente elige convivir día a día.

¿Cómo fue que se acercó a la historia?
Durante 30 años ejercí como escribano hasta que un día en el año ´80 leí en un diario que se convocaban personas para la junta de estudios históricos de Almagro. La historia me había interesado siempre pero hasta ese momento no había encontrado tiempo suficiente para dedicarle. Después de ese día no me desligué por completo de la escribanía pero si podría decir que pasó a un segundo plano.
Cuando llegué a la reunión de la junta me encontré con que todos los convocados estaban en la calle porque había habido algunos problemas con el lugar, y entre ellos estaba Eduardo Mario Favier Dubois que había sido compañero mío en la facultad de Derecho. En la calle Yapeyú fundamos la junta y después nos seguimos reuniendo en la casa de Trueba. Después de un tiempo dejé de ir por ciertos problemas personales.

¿Cuántos conformaban la junta?
Inicialmente éramos ocho o nueve.

¿Qué tipo de actividades realizan y qué funciones cumplen las juntas?
Realizamos actos públicos, convocamos a conferencias, colocamos placas, como por ejemplo la de Gardel y la de Namuncurá en Don Bosco.
   La función es recuperar la historia en todo sentido, de las instituciones, de las tierras, de la gente.

¿Usted recibe algún honorario por ser integrante?
No, nada, mi trabajo es ad honorem.

¿Cómo hacen para organizarse económicamente?
Se sostiene con el aporte voluntario, todas las juntas históricas se mantienen así.
  No tiene ni fines de lucro ni una orientación política determinada.

También forma parte de la junta de Balvanera...
De la junta de Balvanera soy presidente honorario y la presidenta actual es Graciela Villamil.

¿Aparte de las de Almagro y Balvanera participa en alguna otra?
Me designaron representante de Almagro ante la junta central de estudios históricos de Buenos Aires de la que llegué a ser secretario primero y después vicepresidente. También soy vicepresidente segundo de la junta de estudios Históricos del Puerto. Y, al igual que a Trueba, me designaron «Historiador Porteño».

¿Cómo trabaja un historiador?
Hay dos formas de hacer historia, una es copiar, y la otra es investigar que es lo que yo prefiero hacer. Uno va haciendo un seguimiento, y a través de todos los documentos y libros que uno va seleccionando y descubriendo, se tiene que hacer un puntilloso análisis para poder luego sacar una conclusión.

¿Cuál es el tema que más le atrajo para investigar?
Fundamentalmente me gusta el tema de las antiguas quintas. Si me preguntan donde vivo digo en la quinta de Arroyos y que soy vecino de la quinta de Liniers, que eran sus nombres originales.
Ya como escribano estaba bastante relacionado con este tema porque me vinculaba a fondo con los planos de las propiedades. En el año ´96 saqué un libro que se llama Antiguas Quintas Porteñas, ése fue el producto de un largo proceso de investigación, llegué a recapitular hasta el año 1700.

¿Vivió siempre en Almagro? ¿tiene preferencia por algún barrio?
No, nací en Monserrat, después viví un tiempo en Floresta, Haedo, en fin muchos, pero no tengo un barrio que sea de preferencia, todos me gustan por algo diferente y tienen algo particular que los hace únicos.

¿Hay alguna parte de la historia del Abasto que nos quiera contar?
Voy a contarle algunas historias de trenes. Abajo del subte A nace un túnel a la altura de Mario Bravo y termina en Puerto Madero, que en sus orígenes era un tren de carga, y solamente llegaba a Plaza Miserere, en la época de Perón estaba habilitado para que viaje la gente, pero no tuvo mucho éxito.
   Por donde va la línea B que de día funcionaba como subterráneo, a la madrugada corría un tren por esas mismas vías desde la estación de Chacarita hasta el Mercado de Abasto para trasladar las verduras. El túnel tenía una entrada que desembocaba directamente en el subsuelo del Mercado. También estuvo el llamado «Tren de los muertos», que se construyó de urgencia en tres meses por la cantidad de personas que fallecían a causa de la epidemia de fiebre amarilla; iba desde Corrientes y Boulogne Sur Mer hasta Chacarita, esto fue 1871 aproximadamente.

Valeria Haro


Revista El Abasto, n° 71, noviembre 2005, Historia(s).


 



 

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