Marcelo
Héctor Oliveri, académico
titular del “Sillón
José González Castillo”.
Entre putas, trabas y gays, investigando
su lenguaje.
Oliveri,
¿un provocador?
Cuando concluyó la sesión
de fotos tapa que hicimos con
Rafa, cafecito mediante, con Marcelo
nos sentamos aparte y esto, palabras
más, palabras menos, fue
lo que charlamos:
¿Cómo
fue que empezaste con el lunfardo?
Es decir, en tu caso, ¿fue
primero el lunfardo y después
la Academia Porteña del
Lunfardo o a la inversa?
“El lunfardo yo lo hablé
toda la vida, casi sin darme
cuenta. Ya de chico me gustaba
decir todas esas palabras como,
por ejemplo, morfar, laburar.
Y hablar así estaba mal
visto. Me encantaba cómo
hablaba Minguito Tinguitella,
el personaje que hacía
Juan Carlos Altavista. Él
lo que hacía era hablar
con palabras que venían
de la inmigración, es
decir, hablaba en lunfardo.
Además, cuando se es
adolescente se está en
contra de todo y, por eso, uno
quiere hablar de otra manera.
Pero esto mismo pasa ahora con
los pibes, viste como hablan.
“A la Academia llego por
medio de Gobello. Yo hacía
un programa de rock nacional
y él tenía un
programa político y me
dice que yo en mi programa usaba
muchas palabras en lunfardo.
El tema, fue lo que le respondí,
es que en el rock hay mucho
lunfardo, entonces, él
me pide si no podía hacer
un trabajo al respecto. Así
saqué en el 2000, editado
por la Academia, el folleto
Cien lunfardismos del rock argentino.
Aproveché mi condición
de periodista y le hice la prensa.
Página 12 nos sacó
algunas gacetillas. A todo esto,
Gobello me preguntó si
podía hacer esto con
más palabras a lo que
le respondí que claro
que podía. Cuatrocientas
más podía hacer.
Salió así en el
2001, editado por Corregidor,
el libro Tangueces y lunfardismos
del rock argentino. Aparte,
yo ya había hecho cosas
de tango. En el ´89 colaboré
con el libro de Gustavo Cabrera
Hugo del Carril un hombre de
nuestro cine. Siempre estuve
ligado al rock y al cine. Ya
en la Academia comienzo a estudiar
el tango actual, las formas
de hablar actuales, cosa que
esta institución nunca
había hecho. Después
viene la famosa crisis y aparecen
todas esas palabras como cacerolazo,
corralito, default. Entonces,
le planteo a Gobello si sacamos
un diccionario de la crisis.
Y esto no tiene un fin comercial
solamente, aunque muchos me
tilden así, porque estamos
estudiando lo actual en vez
de estudiar solamente lo viejo.
Así saqué en el
2002 Vocabulario de la Crisis,
en medio de todo el despelote.
Y con este libro logré
hacer ¡un quilombo! Primero,
salió como folleto y
salimos en La Nación
por primera vez, en toda la
historia de la Academia.”
Toda esta repercusión
en los medios no fue algo inesperado
para vos. Supongo que trabajaste
para que esto pasara...
“Totalmente. Soy periodista.
El impacto y la tapa hay que
hacerlo todos los días.
El tema es que a los dos meses
que salió este folleto
de la crisis le planteo a Pampin,
el dueño de Corregidor,
hacer el libro. Y así
fue. Y salimos con muchísimo
éxito. Hicimos notas
en todos los medios. Fue un
suceso el libro. Lo presentamos
en El Tortoni y nos acompañaron
Ferrer y Punzi. Al poco tiempo
sale la cumbia villera y me
dije: ¡vamos con esto!
Nadie había estudiado
el lunfardo en el rock, en la
crisis, ni en la cumbia villera.
Fui el primero en esto. Y así
saqué Tangueces y lunfardismos
de la cumbia villera, El lunfardo
del tercer milenio, este último
libro gustó mucho, tuvimos
notas en varios medios.”
Y vos, como editor,
¿qué pensás
con respecto al libro, creés
que se lee mucho o no? ¿Es
un artículo de consumo?
“Nuestros libros, los
que yo edito se consumen mucho
porque tienen que ver con lo
nuestro, a la gente le gusta
saber lo que pasó. Aparte,
yo en mis libros actualizo todo
el tiempo el pasado con el hoy.
En Tangueces y lunfardismos
de la cumbia villera comparo
cómo aparecía
el mundo de la prostitución
en el tango y cómo aparece
hoy en las letras de la cumbia
villera. Fue el tango el que
empezó a describir esto
de las drogas, la prostitución.
Hoy por hoy, lo que habla de
esto es la cumbia villera, pero
lo hace en otros términos
a como lo hacía el tango.
Siempre se habló de las
drogas tanto en el rock, como
en el tango y en la cumbia.
No jodamos. Aparte, lo que queda
siempre empezó en los
lugares marginales. Fue así
cómo empezaron el tango
y el rock.
O sea, ¿a vos
te gusta indagar en las zonas
marginales?
“Totalmente. En diciembre
saco Lunfardo Callejero que
es la continuación del
lunfardismo en el rock y en
el tango. Acá está
como hablan las putas, los travestis,
los gays, etcétera.”
¿Y cuánto
tiempo te lleva armar un libro
de estas características?
“Meses, a veces me puede
llevar un año armar un
vocabulario. Yo antes de trabajar
estas temáticas las empiezo
a ver cómo aparecen en
los medios. Cómo la radio
o ciertos programas de televisión
te muestran el mundo marginal.
Mundo marginal que hoy en día
lo tenés a la vuelta
de tu casa. Además, es
la gente misma la que te habla
usando todos esos términos.”
¿Y cuál
es el próximo libro que
tenés pensado?
“Es El tango del tercer
milenio, que va a salir en septiembre.
Está dedicado a todos
los fundamentalistas del tango,
que son aquellos para quienes
el tango murió en los
´40 y los pibes no pueden
cantar tango, para quienes Piazzolla
nunca existió. Son los
boludos que cuestionan todo.
Y es por culpa de ellos que
el tango estuvo tanto tiempo
moribundo. Por culpa de estos
tangueros que en los ´40
eran jóvenes y en vez
de salir a competir con Palito
Ortega y El Club del Clan, que
tenían que estar, se
quedaron con toda una estética
y forma de pensar treinta años
atrasadas en el tiempo. Así
el tango, obviamente, no se
iba a fortalecer. El Tango del
Tercer Milenio habla de eso,
del tango después de
Piazzolla, del rockero de hoy
haciendo tango, de las milongas
gays. Porque acá no se
habla de todo. Y eso me jode.
Somos pocos los que investigamos
lo que está pasando en
nuestra sociedad hoy. Gobello
fue el primero en investigar
el lunfardo y yo investigo el
lunfardo actual. Los que no
entienden esto que piensen lo
que quieran, me tienen sin cuidado.
Yo no tengo ningún tipo
de prejuicio en salir a ver
qué pasa en lugares marginales.
A mí no me gusta que
me lo cuenten. Vos me tirás
el dato pero, luego, soy yo
el que investigo. Tengo amigos
que viven mucho de noche y me
pasan los datos. Son como Ricky
Martín, viven la vida
loca. Lo que pasa es que este
es el país de los caretas
está lleno de señores
casados, muy respetados, que
viven con su familia, mujer
e hijos, y llega el domingo
y con su 4 x 4 se van a descansar
a la quinta de Pilar, van a
misa ese día, escuchan
el partido pero con el walkman
porque es grasa escuchar un
partido de fútbol. Al
otro día, lunes, el mismo
tipo está en un cine
porno para que le chupen la
pija. Por eso, cuando dicen
que el tanguero era un tipo
de bajo fondo, es una hipocresía.
Porque acá somos todos
pecadores, el que esté
libre de culpas que arroje la
primera piedra. Si un tipo tiene
el pelo largo no se puede poner
a cantar tangos. No se lo escucha
directamente, no importa cómo
canta. Tiene el pelo largo.
En este país estamos
todos acostumbrados a vivir
de a upa, mirá los piqueteros.
Perón y Evita decían:
acá los únicos
privilegiados son los niños.
Y hoy por hoy, Tinelli sería
Perón y Susana Giménez
sería Evita, que llevan
a los pibes a hacer cualquier
cosa por las noches, dentro
del ambiente de un estudio de
televisión. Y los pibes
piden computadoras, cualquier
cosa como antes sus padres recibían
la caja PAN de Alfonsín
y sus abuelos las bicicletas
de Evita.”
¿Cuál
es el límite para vos
que marca que una palabra pertenezca
al lunfardo de aquella otra
que no lo es?
“Para nosotros, si una
palabra no figura en el Diccionario
de la Real Academia, por ejemplo,
como «corralito»,
la consideramos lunfarda.
Muchas veces nos dicen que algunas
palabras que incluimos en el
lunfardo son extrajerizantes,
pero no nos olvidemos que muchas
palabras que pertenecen al lunfardo
vienen de los italianos. ¿Y
los tanos no eran extranjeros,
acaso? Aparte, no nos olvidemos
el lema de la Academia: el pueblo
agranda el idioma.”
M. S.
Revista El
Abasto, n°68, agosto
2005.
|