Crear
y descifrar
Dada la historia del barrio,
era hora de hacer un número
de lunfardo. Porque en espacios
como el nuestro, entre llocoventis
plagados de inmigrantes y voceríos
del trabajo, se desarrolló
ese slang porteño que
llamamos lunfardo. Al ponernos
a investigar el tema nos topamos
una y otra vez con la Academia
Porteña del Lunfardo,
institución que integra
uno de nuestros columnistas.
Pero ese argot -nada más
y nada menos- lo decodifica
la Academia. Llegar directamente
al lunfardo actual es una tarea
mucho más complicada.
Oliveri y Conde, entre otros,
se encargan de eso. De descifrar
el lunfa cotidiano, actual,
el de la lleca, el de ciertos
círculos cerrados. Así
que nos abocamos a entrevistar
a algunos expertos en el tema
provenientes, o relacionados,
con esta prestigiosa institución.
Y nos vimos en un dilema cuando
hicimos la entrevista a Gobello,
presidente de dicha asociación,
que destapó ollas malolientes
de nuestra sociedad con una
lectura política totalmente
opuesta a nuestra idea antirepresiva
y libertaria.
Creo que en esa tarea de volver
a descifrar y actualizar el
lunfardo está la posibilidad
de que esto no caiga en el “saco
de cosas lindas antiguas y obsoletas”
donde algunos quisieron colocar
al tango que se resiste mostrando
letras nuevas, nuevas voces
y un revivir impresionante.
Las instituciones son un segundo
paso, luego de un sistema vigente.
El barrio existe, luego el gobierno
lo nombra. El idioma existe,
luego una academia lo decodifica.
Entendamos lo fundamental: todos
somos parte de esa creación,
porque el idioma -al igual que
la sociedad- es una creación
colectiva, como lo plasma muy
bien el lema de la Academia
Porteña del Lunfardo
que reza “el pueblo agranda
el idioma”.
Rafael Sabini
Revista El
Abasto, n°68, agosto
2005.
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